jueves, 16 de febrero de 2017

El amor de mi vida soy yo (16/02/17)


   Haciendo un repaso de mis redes sociales a lo largo y ancho de unos cuantos años, ha aparecido este recuerdo que me apetece compartir con vosotros. ¿Por qué? Pues porque no me acordaba de ello, pero es curioso. 


   "Estoy empezando a sospechar seriamente que el amor de mi vida soy yo. Anoche soñé que me casaba, era el día de mi boda, tenía un vestido extrañísimo, pero era mi vestido. No estaba ni peinada ni maquillada aún, y lo peor de todo era que todo el mundo sabía con quién me casaba, menos yo. Yo no sabía quién iba a ser el novio de la boda.
   He visto a una amiga en mi sueño. Había venido a mi boda. Me ha encantado verla aunque haya sido en sueños. Si algún día me caso la invitaré.
   Como bien dijo Calderón de la Barca: "Los sueños, sueños son""

   La verdad es que suelo tener unos sueños bastante curiosos y tengo la virtud (o a veces el defecto) de poder recordarlos con muchos detalles.

   Tuvo una pequeña repercusión entre mi gente, así que os voy a enseñar lo que me dijeron.


LPC: A mi no me invitaste????
Yo: LPC seguro que sí estabas por ahí 

LPCClaro claro ahora que he protestado, yo que tenia el regalo ya...... tsk tsk
CFGuapa!!!!! Todo un honor para mi 

LJDPues el mayor compromiso es el que se adquiere con uno mismo... suena a coña pero a veces no es tan facil amarte, respetarte, acompañarte en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza y todos los dias de tu vida.... asi que si te casaste contigo misma y eres un buen marido para ti... eres afortunada!! y para rizar el rizo...como es arriba es abajo y como es dentro es afuera...

Yo: LJD me matas!!! Jajajajajajajaja!!!

LJD: jajajajajajaja, se me va...ya sabes




  
 (LPC, CF y LJD son las iniciales de los nombres de tres buen@s amig@s que ese día decidieron aportar su granito de arena a mi sueño) 

¿Recordáis vuestros sueños? 





martes, 7 de febrero de 2017

Otro día fingiré estar embarazada ¡Ea! (07/02/17)


   Soy una buena ciudadana. Lo sé. Lo demuestro a diario. ¿Cómo lo demostré hace unos días? Pues veréis: volvíamos mis padres y yo en el autobús nº 9 desde casa de mi hermana hasta Cibeles. Mis padres se habían sentado juntos y yo en otro sitio, no había tres asientos juntos (¡ouch! ¡no pasa nada! me senté en otro y ya está). Una señora muy mayor (muy, muy, pero que muy mayor) se levantó corriendo de su asiento (a la velocidad del rayo, por cierto... increíble para su condición física) porque a mi lado se había quedado el asiento libre (y ya sabemos todos que un asiento libre en un autobús es un tesoro muuuuuuy preciado), y se estaba levantando con el autobús moviéndose (muy atrevida ella). Extendí hacia ella mi mano para ayudarla para que no se cayera y se sentara conmigo (¡olé por mí y por mi buena obra!).


¡Primera obra del día!



   En otra parada del recorrido se subió una señora muy muy mayor (fue la tarde de las señoras súper mayores en el autobús), (((¿cuántos años sumaríamos entre todos? una bestialidad, seguro))) muy requetepintada (no le pegaba, la verdad), con un abrigo de oso panda (¡puaj!) que seguro era verdadero (grrrrrrr), y se me puso delante:

   - Señorita - me dijo con voz dulce y ojos como el gatete de Shrek - ¿te importa levantarte para que me siente yo?

   Me quedé mirándola, le puse una sonrisa (finjida pero dulce) y, levantándome de mi asiento como si llevase un millón de losas encima, como si me acabase de arrasar una manada entera de elefantes, como si hubiese hecho una comida sin haber probado un trozo de pan (un dolor abominable...)... le dije: 

   - Por supuesto, siéntese.

¡Segunda obra del día!

   Menos mal que justo al levantarme yo, se levantaron las dos personas que iban detrás de mí y volví a sentarme hasta Cibeles..... Otro día fingiré estar embarazada y no me voy a levantar. ¡Ea!






domingo, 15 de enero de 2017

Dirty Dancing, El Musical [Mi pequeña crónica (15/01/17)]

   
 " Now I've had the time of my life... " 

   Vengo... ¡Encantada de la vida! Soy fan de la película desde que era pequeña y sabía que el musical no me iba a decepcionar. Música y voces en directo, bailes increíbles, unos vestidos que llevaban ellas con un vuelo... ¡qué envidia! Las transformaciones del escenario para cada escena, los actores... ¡de 10! Soy tan fan de la película que me sabía hasta los diálogos, aunque han añadido cosas que en la película no salen, pero pequeñas cosas sin importancia. El actor principal (Christian Sánchez) ha sido sustituido por otro muchacho (Oriol Anglada), pero yo no he conocido al principal, así que no puedo comparar... el muchacho lo ha hecho genial, así que, para mí, Johnny ha sido él (además, se le ha visto el culete y lo tenía muy bien puesto... jijijijijijiji...), y la chica, Baby (Amanda Digón), ha estado muy bien, ha hecho su papel de patosa cuando no sabía bailar y ha bailado fenomenal cuando ha tenido que hacerlo. No quiero dejar igualmente de reconocer el trabajo de los demás actores, todos igualmente importantes, emocionales, divertidos, algunos simplemente han bailado, otros de vez en cuando decían algo, me quito el sombrero con todos. Y las voces de los cantantes, la chica te ponía el 'cutis de ave' de lo bien que lo hacía. La entrada de él para la última escena, el baile final, los ensayos, ella intentando bailar... ¡Es que se me han caído hasta las lágrimas! Y luego no podía parar de aplaudir y aplaudir y aplaudir... Se nota que me ha gustado, ¿Verdad? Lo malo de esto es que ahora quieren ir a ver 'Mamma Mía' así que... ¡A ahorrar!





Web oficial del musical: http://dirty-dancing.es/



   Buen viaje astral, ¿verdad? Se sale de mi línea habitual pero me han animado a contar mi pequeña crónica aquí y ¿por qué no hacerlo? ¡claro que sí! Ha sido un viaje en el que he disfrutado como una niña, he cantado, llorado, reído y aplaudido hasta no poder más (mañana voy a tener agujetas en los brazos)




   P.D: Si aún no habéis ido, ya estáis tardando

" ... and I owe it all to you... " 















martes, 10 de enero de 2017

'PUSH' (10/01/2017)


   Cuando ves que en una puerta pone 'PUSH' ¿Tú qué haces?

   Caminando iba anoche por la calle Serrano de Madrid con un cometido: devolver una cosa en unos conocidos grandes almacenes (que no voy a nombrar porque no me pagan por hacerles publicidad). Si has caminado por allí sabrás, seguramente, de qué grandes almacenes hablo.

   Entro en el primer edificio (es que hay tres):

   - Hola, buenas tardes - me acerco a un vendedor y le pregunto - ¿A qué planta tengo que subir para poder devolver esto? - el dependiente se asoma a la bolsa.
   - Tiene que ir al edificio de caballeros, situado en esta misma calle pero un poco más adelante y en la acera de enfrente.
   - Sí, lo conozco, muchas gracias - di media vuelta y salí.

   Crucé la calle para dirigirme al edificio de caballeros, y frente a la puerta, leo 'PUSH'. Ni corta ni perezosa, puse la mano encima del 'PUSH' esperando que la puerta se abriera sola (el poder de la fuerza me acompañaba). No se abrió. Volví a poner la mano sobre el 'PUSH' (a ver si esta vez daba resultado) y nada, que no se abría (¿qué estaré haciendo mal?)... Y llega un señor, le dejo paso, le pega un empujón gordo a la puerta y... ¡Se abrió!

...........................................

   ¡Ni 'PUSH' ni 'PASH'! ¡Que pongan 'EMPUJE FUERTE' y ya está! ¡Tanto 'PUSH' tanto 'PUSH'! ¡Si la puerta pesaba como mil demonios! ¡Y sólo había que empujar! ¡Rozando el 'PUSH' la puerta no se iba a abrir!

...........................................

   Entré con mi bolsa en la mano y le pregunté lo mismo a una dependienta que por allí se hallaba: 

   - Disculpe, ¿A qué planta tengo que ir para hacer una devolución? - le enseñé el contenido de la bolsa, y ella se asomó.
   - Tiene que ir a otros centros, pues esa marca no la trabajamos aquí. Disculpe las molestias - me contestó con un pequeño tono pijo.
   - Muy bien, gracias y buenas tardes.

   Di media vuelta, me dirigí a otra puerta en la que también ponía 'PUSH', empujé con todas mis fuerzas y la puerta se abrió. Frustrada, me fui a mi casa.

   Conclusión de este mini post: vivimos digitalizados, y crees que, con un sólo roce de tu mano, se va a abrir un mundo frente a ti... y no... ¡hay que empujar!







domingo, 6 de noviembre de 2016

Viene el Apocalipsis y sólo me enteraría yo (06/11/16)


   Todo estaba sumido en la más absoluta oscuridad y en el más placentero silencio. Eran las 05:55h de la madrugada y todo el mundo dormía serenamente en sus habitaciones.

¡PLOF! ¡CHOF! ¡PROOOOOONGT!

   Escalofrío. Ojos abiertos. "¿Qué ha sido eso? No se levanta nadie. ¿Me levanto? Va, levántate". Te sientas en la cama (con un ojo 'pegao' y el otro medio abierto), te calzas las zapatillas y en la penumbra de tu habitación te diriges hacia la puerta. Abres. Sales al pasillo echando un vistazo a todos los sitios. "Por aquí no ha sido" (sin haber mirado 'ná de ná'). Recuerdas el ruido (¡PLOF! ¡CHOF! ¡PROOOOOONGT!). "En la habitación de al lado". Miras hacia tu izquierda, enciendes la luz y te encuentras a tu querida Carolina así...


... e inmediatamente miras hacia la estantaría. "¿Cómo ha podido caerse desde tan alto? Nunca antes se había caído. ¿Cómo es posible que no haya tirado el adorno que tenía delante de ella? ¡Tenía que haberse caído también! No es posible... ¿Se ha caído de lado? ¿Ha saltado por encima del otro objeto? ¿Qué ley física explicaría esto? ¡Ninguna!". Escalofrío. La recoges del suelo, le apañas el vestido, ves que su bolsito ha salido zumbando y está a unos centímetros de ella, y la tumbas en la cama de la habitación de al lado. "Ya la subiré por la mañana de vuelta a la estantería". Apagas la luz y vuelves a tu dormitorio. Cierras la puerta (sí, me gusta estar en la más absoluta de las penumbras), te quitas las zapatillas, echas un trago de agua y te vuelves a meter en la cama. A seguir durmiendo.

   A seguir durmiendo... Ojalá... A seguir durmiendo... Ya... La muñeca que te regalaron el día de tu comunión ha salido volando inexplicablemente y tú vas a seguir durmiendo... ¡Ja!... ¡Pues no es difícil ni ná!...

   No encuentras la postura, piensas en tu muñeca tumbada en la cama, y te la imaginas abriendo los ojos de repente, incorporándose en la cama y empezando a levitar camino de tu habitación. "No puede abrir la puerta", piensas, y te entra el miedo. Te tapas entera pensando que, si le da por entrar, no te va a encontrar, pero imaginas... "¿y si sí?", entonces empiezas a sudar y a sudar y tienes un calor que te quieres morir por estar tan tapada, pero ¡da igual! ¡si la muñeca entra no te va a encontrar ahí debajo del mogollón de sábanas!... Y pensando, razonando, meditando... te vuelves a quedar dormida.

   Te despiertas por la mañana y preguntas a los demás si se han enterado de algo. Nadie escuchó nada. "Viene el Apocalipsis y sólo me enteraría yo". Coges a la muñeca de la cama, le colocas el pelo, el bolso, el vestido, agarras la silla de ruedas del escritorio y te subes a ella para colocar a Carolina de nuevo en su sitio. "Como se mueva la silla me voy a pegar un hostión de órdago". La colocas tal y como estaba y ves, con asombro, que se sujeta perfectamente y de nuevo no entiendes qué pasó para que se cayera, y te pones a recapacitar "pues menos mal que no había nadie en esa habitación en ese momento, porque el susto hubiese sido bueno", que la habitación de al lado hay veces que está ocupada pero, afortunadamente, esta noche estaba vacía. 




Posdata: mi propia imaginación a veces me da miedo.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

El principio del Infierno (02/11/16)


   Tal día como hoy hace justamente un año empezó el principio del infierno. Anonadados os habréis quedado por lo que acabo de decir (la verdad es que ha quedado un poco tétrico), pero cierto es que el 2 de noviembre de 2015 comenzó una nueva etapa en mi vida, pero una etapa que sabía yo que no iba a ser buena, y os cuento cómo empezó todo (tomad asiento y poneos cómodos).

   Empezó abril de 2015 y mi cuerpo empezó a sufrir de una manera extraña. Yo hacía vida normal, comía lo de siempre (he de decir que suelo comer equilibradamente sin excesos, no como fritos ni alimentos rebozados, ni bollería industrial (joooo, con lo rica que está), aunque sí me doy el lujo de comer alguna vez patatas fritas (es que sería un pecado capital no comerlas)), bebía lo de siempre, entraba y salía como siempre lo había hecho... pero mi cuerpo había empezado a cambiar.

   De la noche a la mañana, las yemas de mis dedos comenzaron a pelarse (¿.....?). Era vergonzante y a la vez doloroso. Empezaron pelándose los dedos gordos y se fue extendiendo al resto de dedos de las manos. Tuve hasta cuatro capas de piel a la vez en un mismo dedo, y la última era extremadamente dolorosa. Me daba vergüenza que se me vieran las manos, no podía tocar cosas húmedas porque se reblandecían, me duchaba lo más rápido que podía para que las manos estuvieran el menor tiempo mojadas. Me echaba cremas hidratantes de aloe vera, nutritivas, e incluso vaselina para ver si poco a poco eso empezaba a estar como siempre. Pero no... Ese no fue el único problema.

   Con el problema de las yemas de los dedos vino un problema en el aparato digestivo (... uffffff... ) que no podéis imaginar lo mal que viví con ello. Desayunaba mi tostada con aceite de oliva virgen extra y mi vaso frío de leche desnatada cada mañana. A los veinte minutos de haber terminado de desayunar tenía que ir al baño (ya imagináis a qué iba... me parece que no hace falta entrar en tanto detalle porque iba a hacer lo que todos pensáis, c***r)), pero no terminaba ahí. Se me cerró el estómago, se me fue el apetito (pero tenía que comer), y a mediodía comía lo que podía de lo que había en el plato. Veinte minutos después tenía que volver al baño. Me pasaba las tardes enteras con fuertes aerofagias (que no salía propulsada de milagro)... Y llegaba la cena (que ya se convertía en un trauma tener que alimentarme). Cenaba lo que podía y como siempre, a los veinte minutos (clavados) tenía que ir al baño.

   ¿Os cuento cómo era lo que echaba cuando iba al baño? ("... que lo cuente, que lo cuente, que lo cuente..." estaréis pensando...) Mejor que no, pero ya os cuento que un aspecto normal no tenía (daba mucha impresión y mucho asquete).

   Con este episodio de dedos pelados y problemas gastrointestinales me pasé dos meses enteros, abril y mayo de 2015 (se me hizo más largo que un día sin pan). Asistí a la boda de unos familiares en abril y todo mi miedo estaba puesto en la cena, en si mi cuerpo aguantaría, si podría cenar algo, si tendría que salir corriendo al baño... Recuerdo que no cené todo lo que me pusieron pero mi cuerpo me respetó esa noche.

   Fui al médico, le enseñé mis dedos y le conté mi problema. Me hicieron análisis de sangre y una ecografía abdominal, y salió todo bien (excepto el nivel en sangre de leucocitos, que estaba un poco alto (y no soy médica, pero tengo entendido que eso es señal de que hay infección en algún sitio del organismo)). Poco a poco, mis dedos empezaron a normalizarse y mi cuerpo volvió a ser "el de siempre". Digo "el de siempre" porque tras este episodio bimensual de malestar, perdí peso, así que me recuperé pero terminé con unos pocos kilos menos (no hay mal que por bien no venga).

   Cuando ya pensaba que me había recuperado, apareció otro problema: una caída excesiva de pelo. Empecé a perder pelo en el mes de julio, sólo un mes y pico después de haberme curado. Pues bien, empecé a perder y a perder pelo de una manera escandalosa. Cada vez que me lavaba la cabeza eso parecía un infierno, tener que peinarme ya se estaba convirtiendo en un trauma por la cantidad de pelo que se me caía. Caminaba por la calle y mi melena rizada se veía transparente en la sombra. "Hasta aquí hemos llegado, esto no puede seguir así". ¿Qué podía hacer? ¿Cortándome el pelo se acabaría el problema? Ante la duda, fui a la peluquería. Me corté el pelo y me lo dejaron de largo a la altura de los hombros. Y se seguía cayendo y cayendo y cayendo...

   Volví al médico. Le conté el tiempo que llevaba con esa caída tan excesiva de pelo y me recomendó unas vitaminas, pero debía empezar a tomarlas cuando empezase a hacer frío (y seguíamos en verano... lo veía taaaaaaan lejano el frío...). Las compré y las guardé.

   Viendo que el corte de pelo no había servido de nada y que mi melenita seguía viéndose pobre, decidí cortarlo un poco más. Fui el 2 de noviembre a la peluquería y le conté a la peluquera qué tipo de corte quería, no quería cortes raros ni asimétricos, quería un corte de pelo cortito, que se me viera el cuello, pero que no me dejara sin rizos. Empezó a cortarme y me pidió que confiara en ella (no fue difícil hacerlo, pues me había puesto en sus manos muchísimas veces durante muchísimos años) y lo hice, pero el resultado no fue lo que yo esperaba: me hizo el corte de pelo que ella quiso, asimétrico, justo lo que yo no quería. "Está muy bonito" me dijo, y yo me vi en el espejo y pensé: "bonito ahora que está peinado de peluquería... ya veremos cuando me lo apañe yo...". Y por supuesto, llegó el momento de tener que apañármelo yo. ¿Qué pasó? Que no me veía, que parecía un champiñón, la princesa Leia de Star Wars, y empecé a sentir ansiedad. Llamé a la peluquera y le dije que por favor me arreglase eso, que no me veía con ese corte de pelo. Volví el día 6 a la peluquería (cuatro días después del corte "a lo champiñón") y me cortó el pelo... pero no podéis imaginar qué corte de pelo me hizo... me dejó como a Halle Berry en "007: Muere otro día". Sin rizos. Ese corte de pelo ya no tenía arreglo posible... Mis rizos...

   He dicho al principio que el 2 de noviembre empezó el principio del infierno. Podría haber empezado en abril, pero no, empezó el 2 de noviembre con el corte de pelo "a lo champiñón", porque cuatro días después me hicieron el peor de los cortes de pelo que he tenido. Porque, desde entonces, han sido unos meses muy malos, unos meses en los que me miraba en el espejo y no me reconocía, un tiempo que ha pasado tan despacio que pensaba que mi pelo no iba a crecer nunca. Todos me decían que estaba muy guapa y que parecía más joven, pero yo no estaba a gusto, ya que el corte de pelo que tenía no lo había elegido yo, sino la peluquera.

   Si algo he aprendido de esto, es que el pelo no deja de caerse ni sale más fuerte si lo cortas, porque el pelo no tiene terminaciones nerviosas y la raíz no se entera de si has cortado la punta o no.

   La caída de pelo se frenó, pero ya no sé si fue por las vitaminas o porque ya tocaba que dejara de caerse, que bastante había sufrido mi cuerpo ya.

   Consejo: tened siempre muy claro el corte de pelo que queráis haceros cuando vayáis a la peluquería, y no os lo cortéis pensando que va a salir más fuerte, mi propia experiencia no me ha afirmado esa creencia.



jueves, 20 de octubre de 2016

La salud no entiende ni de días ni de horas (20/10/16)


   Estaba muy malito. Su calidad de vida había disminuido considerablemente y le dijeron que tenían que hacerle una operación quirúrgica muy grave, un trasplante de hígado.

   Cuando escuchas la palabra "trasplante" se vienen a la cabeza cientos de miles de cosas, y no todas las que te vienen son buenas. Piensas qué pasará, cuándo será, si se lo harán prontito, si tardarán meses en hacerlo, si le irá bien tras la operación, si no saldrá de ella... La cabeza empieza a centrifugar y se mezclan los pensamientos con los miedos y las emociones.

   Esto que os estoy contando hoy pasó hace muchos años, concretamente en 2007, e intentaré hacer memoria para contarlo de la mejor manera posible.

   Cuando alguien está esperando un trasplante, tiene que haber dos personas con él (ya sean familiares o amigos) que estén dispuestos a donar sus plaquetas. Estas dos personas se hacen una analítica para que los hematólogos vean su número y calidad de plaquetas. En el momento en el cual el enfermo es llamado para hacer el trasplante, esas dos personas tienen que acudir inmediatamente al hospital con él, sea la hora que sea y sea el día que sea, la salud no entiende ni de días ni de horas. 

   El 10 de junio de 2007 mi tío recibió una llamada telefónica de madrugada, había llegado un hígado compatible con él y el trasplante era inminente. Inmediatamente después, el teléfono de mi casa sonó, pues yo iba a ser una de las donantes de plaquetas. Llegamos al hospital de madrugada, llegó otra tía mía que iba a ser la segunda donante y llegaron mis tíos... La sala de espera era un sentimiento de miedo nervioso generalizado. Una enfermera nos indicó a mi tía (la otra donante) y a mí que teníamos que tener el estómago lleno, que desayunásemos bien, para resistir con fuerza.

   Recuerdo que a mi tío se lo bajaron a quirófano a primera hora de la mañana, entonces nos fuimos a desayunar porque teníamos que estar listas en cualquier momento. Y el momento llegó. Visualizo casi perfectamente la antesala de la sala de donación. Estaban mi madre, creo que mi hermana, mis tías, no sé si alguien más... Me hicieron firmar un papel azul dando mi consentimiento para donar. En ese papel azul explicaban todas las cosas que te podían pasar mientras donabas, cosas tales como mareos, sudores, nerviosismo...  y piensas "es mi tío, da igual que me pueda pasar todo esto... ... ...  ¿cuántas probabilidades hay de que me pase todo esto? ... ... ... ...¿o incluso que pueda sentir algo de todo esto?... ... ... ..."... y lo firmé.

   A mí no me gustan las agujas, ya lo he contado alguna vez, y la aguja del donante es mucho más gorda que la de una analítica normal. "Madrecita mía", pensé yo. "Venga Inma, que tú puedes, pero no mires" (en ese momento sentí el pinchazo).

   Eran las 13.50h cuando me 'enchufaron' a la máquina.

   Ya sabéis que las plaquetas participan en la coagulación de la sangre (y si habéis sido niñ@s como yo en los años 80, recordaréis hasta las caras de las plaquetas gracias a una serie de dibujos animados de aquella época, "Érase una vez la vida"). Recuerdo que me pusieron un tensiómetro en el mismo brazo que la aguja, y me dieron una pelotita de goma espuma. Cuando el tensiómetro se inflaba yo tenía que apretar y aflojar la pelota, es el momento en el cual están extrayendo tu sangre. Cuando se desinflaba, tenía que relajar la mano. La sangre extraída iba a una máquina que separaba las plaquetas de tu sangre (donación por aféresis se llama) y después la sangre era devuelta de nuevo al cuerpo. 

   Eran las 15.15h cuando me 'desenchufaron' de ella.

   ¿Queréis saber cómo viví esos interminables minutos? Pues mirad: me mareé, me encharqué en sudor, mi piel se palideció al completo, tenía frío, tenía calor, tenía temblores, veía 'flashes' (como si me estuviesen haciendo millones de fotos), y lo peor de todo... noté cómo la sangre volvía al interior del cuerpo. Me cuesta describirlo. Me empezó a temblar la barbilla, podía escuchar incluso mi torrente sanguíneo, correr la sangre por las venas... Todo lo que me podía pasar, me pasó... ... Y estaban echando "Los Simpson" en la televisión. 

   El médico, las enfermeras, mi familia... nos daban ánimo a mi tía y a mí, estuvieron pendientes de nosotras en todo momento. También recuerdo que teníamos a nuestra entera disposición una nevera con comida y refrescos para reponer fuerzas. Fue una experiencia malísima, pero volvería a repetirla las veces que hicieran falta. Nos dijeron que el resto del día estuviéramos tranquilas y que no cogiéramos peso, así que nos volvimos después de salir de 'la sala de torturas' a la sala de espera. 

   Allí ya estaba toda la familia. Yo me sentía mareada aún, y me aconsejaron ponerme al lado de una de las ventanas que estaban abiertas. Las ventanas de ese hospital son oscilantes, así que me senté un rato al lado de una. No me daba el suficiente aire y decidí asomarme...


(Ventana de una sala de espera del Hospital Gregorio Marañón de Madrid)

   ... con tal mala suerte que la ventana decidió cambiar de posición ella sola sin que nadie la tocara cuando mi cabeza aún se estaba asomando... y ¡zasca! ¡golpetazo en la cabeza! Yo ya no sabía si reír, si llorar, qué hacer... Mi familia se reía, los desconocidos que también se hallaban me miraron con pena... Nunca las desgracias vienen solas...

   En resumen, fue un día muy largo, doloroso, de muchos nervios, de mucha incertidumbre... pero me da alegría decir que mi tío cumplió el pasado 10 de junio ¡9 años!

   No dudéis en donar. Yo lo pasé mal, pero no tiene porqué pasaros a vosotr@s también. La gran recompensa es saber que has ayudado con ello a salvar una o muchas vidas. 


No lo dudes. Hazte donante