miércoles, 15 de noviembre de 2017

El Pájaro Encantado (15/11/17)


   Hace cientos de miles de millones de años (mirad si hace años que hemos cambiado de siglo y de milenio desde entonces...), escribí un cuento infantil. No sé porqué me dio por escribir un cuento (estaría cansada de estudiar y me tomé un rato de relax... o estaba aburrida... no sé... o simplemente estaba haciendo un viaje astral...), pero lo hice. Sabía que lo tenía guardado y por dónde lo tenía (que soy una mujer muy ordenada yo). Lo he sacado, lo he leído, lo he copiado, he resaltado con colores los diálogos de los personajes (que me parece muy apropiado para que los niños identifiquen quién habla si el narrador no lo especifica), asociando un color por personaje y aquí os lo dejo. Poneos cómod@s.


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EL PÁJARO ENCANTADO

   Hace muchos, pero que muchos años, en unos lejanos bosques que ahora nadie conoce, habitaba un niño llamado Pete. Vivía él solo en una humilde cabaña hecha de piedra con techo de paja. Estaba pintada con una especie de pintura blanca que él mismo hacía con las hierbas y demás naturaleza que rodeaba su casa. Tenía una cama en la que dormía, un pequeño baño en el que se aseaba (aunque a él le gustaba más bañarse en el río) y un rinconcito al que llamaba “mi sitio” en el que cocinaba los alimentos que la madre naturaleza le daba. De vez en cuando bajaba al pueblo para conseguir pan, huevos, leche y un poco de carne. Pescado tenía todo el que quería.

- Buenos días Pete. ¿Qué te trae hoy por aquí?
- Buenos días, señora Matilda. Vengo a traerle el pescado que me pidió la semana pasada. Esta misma mañana lo pesqué. Le traigo una trucha, un salmón y unos cuantos cangrejillos. ¡Anda que no estaban rebeldes! Por poco me quedo sin dedos.
- Ja, ja, ja – rió la señora con gesto aburrido – no será para tanto. Oye, ¿Has pensado alguna vez en venir al pueblo a vivir con nosotros? Allí arriba, tan solo, no tienes que estar bien. Sabemos que allí eres libre, que haces lo que te viene en gana, pero te hacen falta más amigos con los que poder hablar, jugar, compartir…
- Mire señora, no quiero ser maleducado, pero estoy cansado de decir ¡que no me vengo! ¡que estoy muy a gusto solo! Si quisiera vivir aquí ¡ya lo habría hecho! Bueno, tengo prisa, perdone si he sido grosero –se disculpó Pete – y deme lo acordado.

   Caminando hacia el bosque con su cesta de huevos y carne, Pete vio algo que jamás, jamás había visto. Era el pájaro más bonito que había visto en toda su corta vida (ya que sólo tenía 12 años). Esos colores tan vivos, rojos, azules, verdes, amarillos, …, nunca había observado otro pájaro igual. ¡Y era enorme! “¿Qué será? ¿De dónde vendrá?”, pensó Pete. Sin quitar la vista de aquel pájaro, entró en su casa y se dispuso a preparar la comida.

   Dejó la cesta en una mesa de nogal que tenía hecha por su abuelo. Su abuelo murió hace muchos años. Era el único recuerdo que tenía. Encendiendo el fuego, observó que, a través de la ventana, aquel maravilloso pájaro, le observaba. Tenía miedo. Mucho miedo. Hacía mucho que no se sentía igual. El creía que era muy valiente. Nada le asustaba. Pero aquel pájaro, por muy bonito que fuera, empezaba a asustarle. El pájaro seguía al muchacho con su mirada a todas partes como si algo quisiera contarle. Pete se asustaba cada vez más. En un descuido del pájaro, salió corriendo a buscar un palo para atizarle. El palo debía de ser grande, muy grande. “No puedo matarlo con un simple palo”, pensó. “Debe ser el más grande palo jamás encontrado, un palo que nadie haya visto en la vida. Y ese palo lo voy a encontrar yo”.

- Yo que tú no haría eso.

Pete se asustó.

- ¿Quién ha dicho eso? ¡Se supone que nada en la naturaleza habla excepto los humanos!
- Te equivocas.
- Y que yo sepa, ¡el único humano que hay aquí soy yo!
- Te vuelves a equivocar.
- ¡Sal de ahí, cobarde, si te atreves a dar la cara! ¡Puedes saber que seas lo que seas no me das miedo!
- Me alegra saber esto, porque necesito tu ayuda.
- ¡Pues sal, que te quiero ver! ¿O es que eres tan feo que no quieres que te vea?
- Aaaaaaaayyyyyyyyy – dijo aquella misteriosa voz – Siempre equivocándote.

En aquel mismo instante, la voz misteriosa se dejó 

¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah! ¡Tútútútútútútútútútútú! ¡No me sigaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas! ¡Veeeeeeeeeeeeeeeeteeeeeeeeeeeeeeee! – dijo Pete con miedo - ¡Aléjate!

   Entre las ramas de un enredado roble, apareció aquel pájaro que tanto le había gustado pero que a la vez le había asustado.

- Tranquilo Pete, que no te voy a hacer daño.
- ¿Qui-qui-qui-qui-qui-qui-qui-én-én-én quién e-e-e-res- tútútútú tú? – tartamudeó Pete - ¿Y có-cómo sabes mi-mi nombre?
- Yo lo sé todo – contestó con gran serenidad el pájaro de colores -. Todo lo veo, todo lo que pasa a mi alrededor lo siento, sé todo lo que todos saben, y soy más viejo que nadie.
- ¿Por qué has venido a hablar conmigo? – preguntó Pete, más calmado que antes -. Antes me has dicho que necesitabas mi ayuda. ¿Qué te pasa? ¿Por qué has venido a mí y no a otra persona más mayor y más sabia que yo? Poco puedo hacer, porque no sé nada.
-  Siéntate y escucha.

   Sentado en una gran roca situada en el centro del frondoso bosque en el que vivía, estaba preparado para escuchar con gran atención lo que aquel pájaro tenía que decirle (o quizá no era el pájaro que él creía que era).

- ¿Conoces el castillo levantado en lo alto del monte Frewton?
- ¡Sí, lo conoce todo el pueblo! ¡Es el castillo encantado! Bueno, eso dicen los más viejos. Lo que sé es que nadie ha ido allí por muchos años. Dicen que allí hay…
- ¿Una bruja? – le interrumpió el pájaro.
- ¡Sí! ¿Conoces la historia?
- ¿Y tú?
- Lo que me han contado.
- ¿Y qué te han contado?
- Pues… - se quedó un momento pensando -… que… - de nuevo hizo otra pausa -… hace muchos años, cientos de años, vivía un mago que fue hechizado por esa bruja y desapareció.
- ¿Quién desapareció? – el pájaro sabía bien quién desapareció.
- Pues el mago, te lo acabo de decir ¿Es que no me has escuchado? – preguntó Pete indignado.
- Dime una cosa ¿Tú crees que los animales hablan?
- No, claro que no.
- Entonces, ¿por qué hablo yo?

    Silencio. Mucho silencio. Pete no sabía qué responder. Aquel pájaro tenía razón. Los animales no hablan y, sin embargo, él sí. “Aquí ocurre algo pero no sé qué”, pensó. Pensó. Nada se le ocurría. El pájaro le miraba atentamente esperando una respuesta. Hasta que…

- Oye – dijo al fin - ¿verdad que tú conoces muy bien esta historia?
- ¿A qué viene esa pregunta? – contestó el pájaro con enfado.
- Bueno, lo siento ¿vale? Yo… pensé… que tú… podrías ser…
- ¿Quién?
- Él, el mago.

    “Por fin”, pensó el pájaro, “por fin me han reconocido”.

- Muy astuto chaval, muy astuto. Pues sí, soy yo. Hace cientos de años, como bien tú has dicho antes, yo vivía en aquel castillo. Me pasaba el día haciendo conjuros, cambiando cosas, curando a la gente que veía a verme.
- ¿Curabas?
- Sí, curaba. A mí me querían mucho. Hasta que vino ella.
- ¿La bruja? – preguntó Pete con gran interés.
- Si, ella, Medga. Malvada, despiadada, todo lo contrario que yo. Vino, me quitó el castillo, me lo robó todo, me conjuró y… aquí me ves.
- ¿Y qué papel tengo yo en todo esto?
- Puedes ayudarme. Un niño puede ayudarme, y sólo puede uno, y eres tú.
- ¿Y yo qué puedo hacer?
- Venir conmigo al castillo. ¿Quieres ayudarme?
- Claro, ya eres mi amigo, ¿no?
- Por supuesto que soy tu amigo, si no, no hubiese recurrido a ti. Vamos.

   Atravesando aquel pletórico bosque, Pete y su amigo, que aún no sabía cómo se llamaba, se dirigieron hacia el castillo. Tuvieron que parar para descansar y comer algo, ya que sus estómagos no aguantaban más.

   Al final, en la alto del monte Frewton, se alzaba el gran castillo.

- Cómo ha cambiado todo esto.
- ¿De veras? Yo siempre lo he visto así.
- Ja, ja, ja – rio divertido el pájaro – Lo sé.
- ¿Por qué te has reído? A mí no me ha hecho gracia.
- Porque hacía cientos de años que no venía por aquí.
- Aaaaaaaaah, entiendo – todavía no sabía de qué iba la cosa.
- Tú ve por la puerta de delante, yo iré por el torreón.

   Sigilosamente, Pete se acercó y dio un enorme salto que le sirvió para trepar por la gran puerta de entrada. Subió y subió hasta que el muro pudo saltar.

   Se dio un gran golpe. “¿Dónde estará él?”, pensaba. “¿Cómo puedo llegar allí arriba?”. Sin haberse dado cuenta, a su lado se encontraba una gran escalera de madera, muy vieja, viejísima. “Seguro que cuando hicieron esta escalera no había nacido ni el mago”. La cogió y empezó a subir por ella. El suelo se iba alejando cada vez más de sus pies. “Podría volar”, pensó. “Podrían conjurarme y volar como él”.

- No sería mala idea.

   Una voz vieja, desgarrada por los años y de mujer, escuchó momentáneamente.

- ¿Medga? ¿Dónde está él?

   Nadie contestó. “Me lo habré imaginado. No tengo miedo. No tengo miedo. No tengo miedo. No-ten-go-mie-do”.

- Me alegra que no lo tengas, así será más fácil para mí.
- ¿Fácil para qué? – inquirió Pete con mucho miedo.

   De nuevo nadie contestó. “¿Me estaré volviendo loco?”.

- No, no lo estás. Sólo eres un inocente, repulsivo y repelente niño asustado.
- ¡Sal, vieja, que no me das ningún miedo!

   Avanzando por los largos y fríos pasillos que habitaban el castillo, vio una resplandeciente luz que procedía de una de las habitaciones. “Qué mal huele, huele a moho, a humedad ¡y tengo mucho frío! ¿Es que aquí no hay ninguna chimenea en la que pueda echar leña y calentarme?

- Sí, al fondo del pasillo.

   Finalmente e ignorando aquella voz que no sabía de dónde venía, entró en la habitación de la cual tanta luz salía. Allí estaba él. En una gran jaula de oro.

- ¡Amigo!... digo… ¡Mago! ¿Qué haces ahí?
- Ten cuidado, Medga puede estar por aquí.
- Está, te lo aseguro. La he oído.
- ¿La has visto?
- No, sólo la he oído.
- Ahora escucha con atención: debajo de esta jaula, en el suelo, hay una pócima que hace años preparé para deshacer los conjuros de Medga y terminar con ella. No la he usado nunca para deshacer el mío porque desde que me lo hizo no he podido entrar – el chico hizo un amago de hablar, pero el mago le paró -. Necesitaba además a un niño para hacerlo, y a ti llevaba mucho tiempo conociéndote. Cientos de años conociéndote.
- ¿Cómo? ¿Cientos de años? ¡Si solo tengo doce años!
- De acuerdo, tienes doce – le explicó el mago -, pero has estado presente siempre en la naturaleza: en los árboles, en los animales, en el río, en el cielo, en todo…
No lo entiendo.
- Lo sé, yo tampoco lo comprendería, pero es así. Estuve presente cuando naciste y esperé a que tuvieras doce años para que pudieras ayudarme. Sabía que ibas a ser tú quien me salvaría de Medga. Por cierto, no me he presentado formalmente. Me llamo Ruylow.
- ¡Sí! Ahora lo recuerdo. La leyenda decía que el mago se llamaba Ruylow, y que un ser humano podía salvarle. No sabía que ese era yo.

   Se agachó, levantó la baldosa del suelo y, efectivamente, allí estaba la pócima.

- Ahora dámela, date prisa, antes de que venga ella – se apresuró el mago Ruylow.
- No vayas tan rápido. Deja esto donde estaba, bonito. ¡Uy, perdona por lo de bonito! A lo mejor te he ofendido. O mejor, dámelo a mí – dijo la bruja.
- ¡Corre, tíralo! – ordenó el mago - ¡Corre!

   Apresurándose, Pete hizo lo que el mago le ordenó ante la atónita mirada de la bruja.

   Gluc, gluc, gluc, gluc. Una luz como la del sol apareció de repente en la habitación. La jaula se rompió, el mago volvió a ser humano y todo el castillo cambió su aspecto. Con ella había sido destruido totalmente y todo estaba feo, negro y oscuro, roto y derruido. Volvía ahora a estar todo normal.

- ¡No, no puedes hacer esto, es mío, todo mío!
- Tú me lo quitaste. Ha llegado tu final.
- ¡No, por favor, ten piedad! ¡Perdóname, por favor! Seré buena.
- Lo siento, pero ha llegado el momento. Hasta siempre, Medga.

   Con un fuerte resoplido como consecuencia final de la pócima, hizo desaparecer a la bruja malvada. Para siempre. Medga acababa de pasar a la historia.

   Pete fue al castillo a vivir con el mago Ruylow y le ayudaba en todo lo que podía, y lo que sabía.

   Creció allí y aprendió todo lo que su amigo el mago le enseñó. Ruylow murió de muy, muy, pero que muy viejecito y ahora era Pete quien se ocupaba de curar a la gente, saberlo todo y hacer lo que todos lo que los magos hacen. Porque claro, se había convertido en el Mago Pete.


FIN

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   Bueno, si habéis llegado hasta aquí es porque os lo habéis leído hasta el final. ¡Gracias! ¿Qué os ha parecido? Un título simple y una historia muy light. Cuando lo escribí tendría alrededor de 15 años, no tenía más... He de decir que lo he dejado tal cual lo escribí, no he cambiado ni un punto ni una coma, aunque sí he corregido alguna que otra pequeña falta leve de ortografía.

   Probablemente hoy lo hubiese escrito de otra manera, hubiese quitado alguna cosa y hubiese añadido otras, pero creo que para la edad que tenía... no está muy mal del todo.

   ¿Por qué he decidido sacarlo y compartirlo con tod@s? Porque no quería que se quedase olvidado en la carpeta metido dentro del armario, incluso puede que algunos padres se lo lean a sus hij@s y acabe gustando... ¡¿A ver si voy a ser una escritora en potencia?!...

   Con la magia de Internet y el maravilloso mundo de los blogs, estas pequeñas cosas no deberían quedarse en el olvido. Estas pequeñas y las grandes historias no son otra cosa que viajes astrales de quien las escribe.



   ¿Cuántas cosas por descubrir habrá guardadas por los armarios y los cajones?
...

jueves, 12 de octubre de 2017

Ha pasado por debajo de la puerta (12/10/17)


   Os lo voy a contar antes de que se me olvide. Creo que fue el jueves de la semana pasada (sí, el jueves 5 de octubre). Llegué a mi casa después de haber vuelto de andar (que si no andase un poquito todos los días, mi constitución física se asemejaría a las de las mujeres de buen yantar y ya estaría arrebatada de grande para reventar...) y fui a ese lugar del hogar en el que te sientas a meditar (si estáis pensando en lo que estáis pensando, lo estáis pensando bien), a leer, a descargar tensiones, a estudiarte la composición química del champú y por sus ingredientes pensar en si es el que te conviene o no, ese lugar al que vas a limpiarte por fuera y sobretodo por dentro, concretando que fui a esto último (y no voy a dar más detalles... jijijijijiji...), dejando la puerta abierta sin temor a ser vista por nadie, pues estaba sola en casa en aquel momento. Corriendo y sin perder el tiempo, antes de entrar al "pensadero", encendí la luz de mi habitación y solté la mochila encima de la cama, dejando la luz encendida. Una vez sentada pensando en los males que afectan al orden mundial e intentando arreglar mentalmente el mundo, vi algo super inesperado (... ay ay ay ay...) que avanzaba con rapidez a mi habitación, y no me lo podía creer... Mirad si no me lo podía creer que me quedé atontada pensando en si lo que había visto era real o no. Y sí, por desgracia era real (lo era, lo era). No os vais a creer lo que vi (no no), no me lo creía ni yo.

   Había visto un rabo.

   Un rabo. Un rabo. Un rabo.

   No puede ser.
   Un rabo.
   No puede ser.
   ¿Cómo va a entrar un rabo en mi habitación así correteando por el suelo?
   ¿Qué es?
   ¿Una lagartija?
   ¡No jodas!
   ¡Una lagartija en mi habitación!
   ¡No jodas!

   No imagináis con qué velocidad salí del baño (creo que saltaron hasta chispas del roce de mis nalgas con la tapadera del váter). Si la luz viaja a una velocidad de 299 792 458 m/s, yo salí disparada a 299 792 460 m/s por lo menos (datos verídicos y sin exagerar, que yo no soy de exagerar... ... ...)

   "Ha pasado por debajo de la puerta", pensé corriendo (tenía el corazón que se me iba a salir por la boca del susto). Con sumo cuidado entré en mi habitación y cerré la puerta. Allí estaba ella o él, ello, eso con rabo que había interrumpido mi paz unos segundos antes. Me agaché a verla, a verlo, y vi que no era una lagartija. Tenía la cara más redondita, los dedos terminaban gordetes en las puntas. Una salamanquesa. No sabía qué hacer y me puse nerviosa.

   Una salamanquesa.
   No puede ser.
   Una salamanquesa.
   No puede ser.

   Matarla no la voy a matar, no lo voy a matar.
   Cogerla no la voy a coger, no lo voy a coger..
   Pues no sé qué voy a hacer con ella, con él.
   ¿La aspiro? ¿Lo aspiro? No, se me puede escapar mientras voy a por la aspiradora.
   Matarla queda descartado, matarlo queda descartado.
   ¿Qué hagoooooooooooooooooooooooooooooooooooooo?

   Ella sola, él solo empezó a trepar por una carpeta que tengo en el suelo detrás de la puerta (ahí tiqui tiqui tiqui tiqui con sus patitas), y tuvo la mala suerte de que esa carpeta se cayó (hizo PLONC). Me agaché esperando que saliera por algún lateral, pero no salió (pensando que si salía por alguno de los lados, del grito que iba a pegar me iban a escuchar hasta en China). Levanté la carpeta y allí estaba, en el suelo, patas arriba moviéndose un poco, creo que aturdida, aturdido (me dio penita). Cogí un papel y la arrastré, lo arrastré hasta el pasillo. La di la vuelta, le di la vuelta. Tenía los ojitos abiertos y abría y cerraba la boca. "Está viva, vivo"(suspiré de alivio). Cogí otro papel y, con ayuda del otro, la empujé hacia este primero y la subí (cuidado Inma, que no se te caiga). No quería matarla, matarlo. Me fui a la terraza y volqué el papel hacia el jardín, la dejé caer, le dejé caer. "Si se pone bien, saldrá corriendo", pensé. "Si empeora, será chicha para algún pajarraco o algún gato". Me queda el consuelo de que yo no la maté, no lo maté.

   Jamás pensé en matarla, matarlo, pero algo tenía que hacer para sacarla de mi casa, sacarlo, y estaba claro que con la mano no la iba a coger, no le iba a coger, así que con el aturdimiento del golpe salió de mi casa para no volver.

   Todavía hoy me pregunto por dónde entró y cuántos metros recorrió por mi casa hasta llegar a mi habitación. ¿Y por qué a la mía? Psssss.... Ni  idea....



martes, 25 de julio de 2017

Quizás, quizás, quizás (26/07/17)


      Los coches tienen cinturones de seguridad para sujerarte en caso de accidente (ya sé que lo sabéis, pero no está de más recordarlo). Los autobuses tienen barras (o barrotes para quien los quiera llamar barrotes) para agarrarse y no caerse. Los trenes y metros también. Las puedes ver distribuidas por el techo a lo largo del vagón para que alces el brazo y te agarres; también algunas forman parte de los asientos y puedes asirlas (teniendo cuidado de no rozar ni un milímetro de la persona que lo ocupa, que lo notan y luego te miran raro) ; otras están situadas en los laterales de las puertas y las más chulas están colocadas verticales desde el techo hasta el suelo (que te agarras a esas y te dan ganas de marcarte un baile).

   Hay ocasiones en las que el tren va tan sumamente lleno de gente que no tienes espacio ni para sacar un brazo y agarrarte (como sardinas en lata). Y sí, os podéis imaginar qué me ha pasado y porqué digo lo de las barras (viendo mi historial en el blog, ya podéis intuir que no ha sido "na bueno").

   Pasa pocas veces, pero a veces pasa, que vayas en el tren y al frenar éste, alguien pierda el equilibrio ("cataplof", al suelo). La que perdió el equilibrio fui yo (¡lo habéis adivinado!). No tenía dónde agarrarme (que sí, que ya sé que hay barras, pero era imposible...), entonces coloqué los pies de modo y manera que no me caería en el caso de que éste frenara (postura inmininja: pies torcidos y alguna de las dos piertas semiflexionada en la que recae el peso del cuerpo para amortiguar la frenada (lo sé, yo tampoco sé lo que he dicho)).

   Recuerdo que estaba llegando a la estación de tren en Nuevos Ministerios. El tren iba muy lleno y me levanté de mi asiento porque estaba entrando en la estación (nunca me pongo de pie en el túnel). No podía agarrarme a ningún sitio, no había espacio físico para moverme. ¿Qué pasó? (música de misterio... chan chan chaaaaaaaaaaaaaaaaaan...) Que el tren antes de frenar dio como un tirón muy raro que no esperaba nadie, y yo perdí el control del equilibrio...

   - ¡Uy! ¡Perdón! - le dije a una chica mientras me caía y ésta intentaba lenvantarme.

   No pudo levantarme...

   -¡Uy, uy! ¡Perdón! ¡Perdón! - le dije a otro señor porque ya me estaba cayendo encima de él... y tampoco pudo levantarme pero sí sujetarme un poco... aunque no fue suficiente...

   -¡Uy, uy, uy! - no podía parar de repetirlo - ¡Perdón, perdón, perdón! - una tercera mujer ayudó finalmente a que no me cayera y pudieron levantarme.

   - ¡Perdón de nuevo! Y muchas gracias por sujetarme - les dije a todos finalmente, a lo que ellos me respondieron sonriéndome (o riéndose de mí... quién sabe...)

   ¡Qué apuro, por el amor de Thor! ¡Yo nunca me había visto en una de esas! ¡Tres personas sujetándome y que me caía... me caía...! Pero no me caí gracias a ellos tres, a la chica, al señor y a la mujer. ¡Gracias, gracias, gracias!

   Con un calor inmenso, las puertas se abrieron y pude bajarme del tren sin más incidentes. ¿Contaría la gente del tren que vieron a una chica súper guapa y súper buenorra cayéndose esa mañana en el tren?

Quizás, quizás. quizás... 






 

sábado, 15 de abril de 2017

¿Creéis en fantasmas? (14/04/17)


   14 de Abril de 2017. Viernes Santo

   Todos los Viernes Santos desde hace muchos años, mi familia y yo solemos salir a pasar el día fuera de casa (ya que somos del grupo de personas que no salimos de vacaciones por ahí estos días). Normalmente aprovechamos para conocer museos y lugares que no conocemos aún de Madrid (parece que lo conoces todo y luego descubres que hay cientos de miles de millones de cosas que aún no conoces de tu ciudad). Este año no sabíamos dónde ir (estábamos en blanco, la verdad, la noche anterior no sabíamos aún lo que íbamos a hacer), y unos familiares que se apuntaron a la excursión con nosotros, nos sugirieron visitar el Museo Arqueológico Nacional de Madrid (el cual yo aún no conocía) "¡Genial!" pensé, pues tenía muchas ganas de ir. Nos levantamos pronto, cogimos el tren y ¡a Madrid!

   Con mi Nikon al cuello (que no falte, inseparables), fuimos paseando todos por las distintas salas que tiene el museo (por cierto, muy recomendable si aún no lo conocéis). Llegamos a una pequeña parte dedicada únicamente a la moneda y al entorno de ésta, y en el pasillo 40 pasó algo (ya me empiezan a dar escalofríos sólo de pensarlo) que yo nunca había vivido. Quería hacer una foto, esta foto...


... y para hacerla tenía que hacer mucho zoom desde donde la quería hacer, desde aquí...


... de hecho, se ve un trocito de lo que yo quería fotografiar. Pues bien, fui a hacer zoom y, cuando ya tenía enmarcada la imagen en la pantalla de mi cámara de fotos (¡aquí ya empieza lo bueno!), el zoom se quitó (¡¿¡¿¡¿qué ha pasado?!?!?!). Volví a hacer zoom y éste volvió a quitarse (¿¡¿¡qué!?!?). Y otro zoom... que se volvió a quitar. Y otro y otro y otro zoom... (¿¡¿¡¿¡pero esto qué es!?!?!?)... y todos se volvieron a quitar. "Hay un fantasma juguetón que no me deja hacer la foto", le dije a mi familia riéndome, "hago zoom y me lo quita ¿no querrá que vea algo? ¿por qué me lo quita? Sea quien sea o sea lo que sea, está juguetón". De verdad, inexplicable. Eso de poner zoom y que éste se quitara... sólo pudo ser un fantasma, porque nunca me había pasado esto, y porque no me volvió a pasar en lo que quedó de día.



¿Creéis en fantasmas?

jueves, 16 de febrero de 2017

El amor de mi vida soy yo (16/02/17)


   Haciendo un repaso de mis redes sociales a lo largo y ancho de unos cuantos años, ha aparecido este recuerdo que me apetece compartir con vosotros. ¿Por qué? Pues porque no me acordaba de ello, pero es curioso. 


   "Estoy empezando a sospechar seriamente que el amor de mi vida soy yo. Anoche soñé que me casaba, era el día de mi boda, tenía un vestido extrañísimo, pero era mi vestido. No estaba ni peinada ni maquillada aún, y lo peor de todo era que todo el mundo sabía con quién me casaba, menos yo. Yo no sabía quién iba a ser el novio de la boda.
   He visto a una amiga en mi sueño. Había venido a mi boda. Me ha encantado verla aunque haya sido en sueños. Si algún día me caso la invitaré.
   Como bien dijo Calderón de la Barca: "Los sueños, sueños son""

   La verdad es que suelo tener unos sueños bastante curiosos y tengo la virtud (o a veces el defecto) de poder recordarlos con muchos detalles.

   Tuvo una pequeña repercusión entre mi gente, así que os voy a enseñar lo que me dijeron.


LPC: A mi no me invitaste????
Yo: LPC seguro que sí estabas por ahí 

LPCClaro claro ahora que he protestado, yo que tenia el regalo ya...... tsk tsk
CFGuapa!!!!! Todo un honor para mi 

LJDPues el mayor compromiso es el que se adquiere con uno mismo... suena a coña pero a veces no es tan facil amarte, respetarte, acompañarte en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza y todos los dias de tu vida.... asi que si te casaste contigo misma y eres un buen marido para ti... eres afortunada!! y para rizar el rizo...como es arriba es abajo y como es dentro es afuera...

Yo: LJD me matas!!! Jajajajajajajaja!!!

LJD: jajajajajajaja, se me va...ya sabes




  
 (LPC, CF y LJD son las iniciales de los nombres de tres buen@s amig@s que ese día decidieron aportar su granito de arena a mi sueño) 

¿Recordáis vuestros sueños?