domingo, 6 de noviembre de 2016

Viene el Apocalipsis y sólo me enteraría yo (06/11/16)


   Todo estaba sumido en la más absoluta oscuridad y en el más placentero silencio. Eran las 05:55h de la madrugada y todo el mundo dormía serenamente en sus habitaciones.

¡PLOF! ¡CHOF! ¡PROOOOOONGT!

   Escalofrío. Ojos abiertos. "¿Qué ha sido eso? No se levanta nadie. ¿Me levanto? Va, levántate". Te sientas en la cama (con un ojo 'pegao' y el otro medio abierto), te calzas las zapatillas y en la penumbra de tu habitación te diriges hacia la puerta. Abres. Sales al pasillo echando un vistazo a todos los sitios. "Por aquí no ha sido" (sin haber mirado 'ná de ná'). Recuerdas el ruido (¡PLOF! ¡CHOF! ¡PROOOOOONGT!). "En la habitación de al lado". Miras hacia tu izquierda, enciendes la luz y te encuentras a tu querida Carolina así...


... e inmediatamente miras hacia la estantaría. "¿Cómo ha podido caerse desde tan alto? Nunca antes se había caído. ¿Cómo es posible que no haya tirado el adorno que tenía delante de ella? ¡Tenía que haberse caído también! No es posible... ¿Se ha caído de lado? ¿Ha saltado por encima del otro objeto? ¿Qué ley física explicaría esto? ¡Ninguna!". Escalofrío. La recoges del suelo, le apañas el vestido, ves que su bolsito ha salido zumbando y está a unos centímetros de ella, y la tumbas en la cama de la habitación de al lado. "Ya la subiré por la mañana de vuelta a la estantería". Apagas la luz y vuelves a tu dormitorio. Cierras la puerta (sí, me gusta estar en la más absoluta de las penumbras), te quitas las zapatillas, echas un trago de agua y te vuelves a meter en la cama. A seguir durmiendo.

   A seguir durmiendo... Ojalá... A seguir durmiendo... Ya... La muñeca que te regalaron el día de tu comunión ha salido volando inexplicablemente y tú vas a seguir durmiendo... ¡Ja!... ¡Pues no es difícil ni ná!...

   No encuentras la postura, piensas en tu muñeca tumbada en la cama, y te la imaginas abriendo los ojos de repente, incorporándose en la cama y empezando a levitar camino de tu habitación. "No puede abrir la puerta", piensas, y te entra el miedo. Te tapas entera pensando que, si le da por entrar, no te va a encontrar, pero imaginas... "¿y si sí?", entonces empiezas a sudar y a sudar y tienes un calor que te quieres morir por estar tan tapada, pero ¡da igual! ¡si la muñeca entra no te va a encontrar ahí debajo del mogollón de sábanas!... Y pensando, razonando, meditando... te vuelves a quedar dormida.

   Te despiertas por la mañana y preguntas a los demás si se han enterado de algo. Nadie escuchó nada. "Viene el Apocalipsis y sólo me enteraría yo". Coges a la muñeca de la cama, le colocas el pelo, el bolso, el vestido, agarras la silla de ruedas del escritorio y te subes a ella para colocar a Carolina de nuevo en su sitio. "Como se mueva la silla me voy a pegar un hostión de órdago". La colocas tal y como estaba y ves, con asombro, que se sujeta perfectamente y de nuevo no entiendes qué pasó para que se cayera, y te pones a recapacitar "pues menos mal que no había nadie en esa habitación en ese momento, porque el susto hubiese sido bueno", que la habitación de al lado hay veces que está ocupada pero, afortunadamente, esta noche estaba vacía. 




Posdata: mi propia imaginación a veces me da miedo.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

El principio del Infierno (02/11/16)


   Tal día como hoy hace justamente un año empezó el principio del infierno. Anonadados os habréis quedado por lo que acabo de decir (la verdad es que ha quedado un poco tétrico), pero cierto es que el 2 de noviembre de 2015 comenzó una nueva etapa en mi vida, pero una etapa que sabía yo que no iba a ser buena, y os cuento cómo empezó todo (tomad asiento y poneos cómodos).

   Empezó abril de 2015 y mi cuerpo empezó a sufrir de una manera extraña. Yo hacía vida normal, comía lo de siempre (he de decir que suelo comer equilibradamente sin excesos, no como fritos ni alimentos rebozados, ni bollería industrial (joooo, con lo rica que está), aunque sí me doy el lujo de comer alguna vez patatas fritas (es que sería un pecado capital no comerlas)), bebía lo de siempre, entraba y salía como siempre lo había hecho... pero mi cuerpo había empezado a cambiar.

   De la noche a la mañana, las yemas de mis dedos comenzaron a pelarse (¿.....?). Era vergonzante y a la vez doloroso. Empezaron pelándose los dedos gordos y se fue extendiendo al resto de dedos de las manos. Tuve hasta cuatro capas de piel a la vez en un mismo dedo, y la última era extremadamente dolorosa. Me daba vergüenza que se me vieran las manos, no podía tocar cosas húmedas porque se reblandecían, me duchaba lo más rápido que podía para que las manos estuvieran el menor tiempo mojadas. Me echaba cremas hidratantes de aloe vera, nutritivas, e incluso vaselina para ver si poco a poco eso empezaba a estar como siempre. Pero no... Ese no fue el único problema.

   Con el problema de las yemas de los dedos vino un problema en el aparato digestivo (... uffffff... ) que no podéis imaginar lo mal que viví con ello. Desayunaba mi tostada con aceite de oliva virgen extra y mi vaso frío de leche desnatada cada mañana. A los veinte minutos de haber terminado de desayunar tenía que ir al baño (ya imagináis a qué iba... me parece que no hace falta entrar en tanto detalle porque iba a hacer lo que todos pensáis, c***r)), pero no terminaba ahí. Se me cerró el estómago, se me fue el apetito (pero tenía que comer), y a mediodía comía lo que podía de lo que había en el plato. Veinte minutos después tenía que volver al baño. Me pasaba las tardes enteras con fuertes aerofagias (que no salía propulsada de milagro)... Y llegaba la cena (que ya se convertía en un trauma tener que alimentarme). Cenaba lo que podía y como siempre, a los veinte minutos (clavados) tenía que ir al baño.

   ¿Os cuento cómo era lo que echaba cuando iba al baño? ("... que lo cuente, que lo cuente, que lo cuente..." estaréis pensando...) Mejor que no, pero ya os cuento que un aspecto normal no tenía (daba mucha impresión y mucho asquete).

   Con este episodio de dedos pelados y problemas gastrointestinales me pasé dos meses enteros, abril y mayo de 2015 (se me hizo más largo que un día sin pan). Asistí a la boda de unos familiares en abril y todo mi miedo estaba puesto en la cena, en si mi cuerpo aguantaría, si podría cenar algo, si tendría que salir corriendo al baño... Recuerdo que no cené todo lo que me pusieron pero mi cuerpo me respetó esa noche.

   Fui al médico, le enseñé mis dedos y le conté mi problema. Me hicieron análisis de sangre y una ecografía abdominal, y salió todo bien (excepto el nivel en sangre de leucocitos, que estaba un poco alto (y no soy médica, pero tengo entendido que eso es señal de que hay infección en algún sitio del organismo)). Poco a poco, mis dedos empezaron a normalizarse y mi cuerpo volvió a ser "el de siempre". Digo "el de siempre" porque tras este episodio bimensual de malestar, perdí peso, así que me recuperé pero terminé con unos pocos kilos menos (no hay mal que por bien no venga).

   Cuando ya pensaba que me había recuperado, apareció otro problema: una caída excesiva de pelo. Empecé a perder pelo en el mes de julio, sólo un mes y pico después de haberme curado. Pues bien, empecé a perder y a perder pelo de una manera escandalosa. Cada vez que me lavaba la cabeza eso parecía un infierno, tener que peinarme ya se estaba convirtiendo en un trauma por la cantidad de pelo que se me caía. Caminaba por la calle y mi melena rizada se veía transparente en la sombra. "Hasta aquí hemos llegado, esto no puede seguir así". ¿Qué podía hacer? ¿Cortándome el pelo se acabaría el problema? Ante la duda, fui a la peluquería. Me corté el pelo y me lo dejaron de largo a la altura de los hombros. Y se seguía cayendo y cayendo y cayendo...

   Volví al médico. Le conté el tiempo que llevaba con esa caída tan excesiva de pelo y me recomendó unas vitaminas, pero debía empezar a tomarlas cuando empezase a hacer frío (y seguíamos en verano... lo veía taaaaaaan lejano el frío...). Las compré y las guardé.

   Viendo que el corte de pelo no había servido de nada y que mi melenita seguía viéndose pobre, decidí cortarlo un poco más. Fui el 2 de noviembre a la peluquería y le conté a la peluquera qué tipo de corte quería, no quería cortes raros ni asimétricos, quería un corte de pelo cortito, que se me viera el cuello, pero que no me dejara sin rizos. Empezó a cortarme y me pidió que confiara en ella (no fue difícil hacerlo, pues me había puesto en sus manos muchísimas veces durante muchísimos años) y lo hice, pero el resultado no fue lo que yo esperaba: me hizo el corte de pelo que ella quiso, asimétrico, justo lo que yo no quería. "Está muy bonito" me dijo, y yo me vi en el espejo y pensé: "bonito ahora que está peinado de peluquería... ya veremos cuando me lo apañe yo...". Y por supuesto, llegó el momento de tener que apañármelo yo. ¿Qué pasó? Que no me veía, que parecía un champiñón, la princesa Leia de Star Wars, y empecé a sentir ansiedad. Llamé a la peluquera y le dije que por favor me arreglase eso, que no me veía con ese corte de pelo. Volví el día 6 a la peluquería (cuatro días después del corte "a lo champiñón") y me cortó el pelo... pero no podéis imaginar qué corte de pelo me hizo... me dejó como a Halle Berry en "007: Muere otro día". Sin rizos. Ese corte de pelo ya no tenía arreglo posible... Mis rizos...

   He dicho al principio que el 2 de noviembre empezó el principio del infierno. Podría haber empezado en abril, pero no, empezó el 2 de noviembre con el corte de pelo "a lo champiñón", porque cuatro días después me hicieron el peor de los cortes de pelo que he tenido. Porque, desde entonces, han sido unos meses muy malos, unos meses en los que me miraba en el espejo y no me reconocía, un tiempo que ha pasado tan despacio que pensaba que mi pelo no iba a crecer nunca. Todos me decían que estaba muy guapa y que parecía más joven, pero yo no estaba a gusto, ya que el corte de pelo que tenía no lo había elegido yo, sino la peluquera.

   Si algo he aprendido de esto, es que el pelo no deja de caerse ni sale más fuerte si lo cortas, porque el pelo no tiene terminaciones nerviosas y la raíz no se entera de si has cortado la punta o no.

   La caída de pelo se frenó, pero ya no sé si fue por las vitaminas o porque ya tocaba que dejara de caerse, que bastante había sufrido mi cuerpo ya.

   Consejo: tened siempre muy claro el corte de pelo que queráis haceros cuando vayáis a la peluquería, y no os lo cortéis pensando que va a salir más fuerte, mi propia experiencia no me ha afirmado esa creencia.



jueves, 20 de octubre de 2016

La salud no entiende ni de días ni de horas (20/10/16)


   Estaba muy malito. Su calidad de vida había disminuido considerablemente y le dijeron que tenían que hacerle una operación quirúrgica muy grave, un trasplante de hígado.

   Cuando escuchas la palabra "trasplante" se vienen a la cabeza cientos de miles de cosas, y no todas las que te vienen son buenas. Piensas qué pasará, cuándo será, si se lo harán prontito, si tardarán meses en hacerlo, si le irá bien tras la operación, si no saldrá de ella... La cabeza empieza a centrifugar y se mezclan los pensamientos con los miedos y las emociones.

   Esto que os estoy contando hoy pasó hace muchos años, concretamente en 2007, e intentaré hacer memoria para contarlo de la mejor manera posible.

   Cuando alguien está esperando un trasplante, tiene que haber dos personas con él (ya sean familiares o amigos) que estén dispuestos a donar sus plaquetas. Estas dos personas se hacen una analítica para que los hematólogos vean su número y calidad de plaquetas. En el momento en el cual el enfermo es llamado para hacer el trasplante, esas dos personas tienen que acudir inmediatamente al hospital con él, sea la hora que sea y sea el día que sea, la salud no entiende ni de días ni de horas. 

   El 10 de junio de 2007 mi tío recibió una llamada telefónica de madrugada, había llegado un hígado compatible con él y el trasplante era inminente. Inmediatamente después, el teléfono de mi casa sonó, pues yo iba a ser una de las donantes de plaquetas. Llegamos al hospital de madrugada, llegó otra tía mía que iba a ser la segunda donante y llegaron mis tíos... La sala de espera era un sentimiento de miedo nervioso generalizado. Una enfermera nos indicó a mi tía (la otra donante) y a mí que teníamos que tener el estómago lleno, que desayunásemos bien, para resistir con fuerza.

   Recuerdo que a mi tío se lo bajaron a quirófano a primera hora de la mañana, entonces nos fuimos a desayunar porque teníamos que estar listas en cualquier momento. Y el momento llegó. Visualizo casi perfectamente la antesala de la sala de donación. Estaban mi madre, creo que mi hermana, mis tías, no sé si alguien más... Me hicieron firmar un papel azul dando mi consentimiento para donar. En ese papel azul explicaban todas las cosas que te podían pasar mientras donabas, cosas tales como mareos, sudores, nerviosismo...  y piensas "es mi tío, da igual que me pueda pasar todo esto... ... ...  ¿cuántas probabilidades hay de que me pase todo esto? ... ... ... ...¿o incluso que pueda sentir algo de todo esto?... ... ... ..."... y lo firmé.

   A mí no me gustan las agujas, ya lo he contado alguna vez, y la aguja del donante es mucho más gorda que la de una analítica normal. "Madrecita mía", pensé yo. "Venga Inma, que tú puedes, pero no mires" (en ese momento sentí el pinchazo).

   Eran las 13.50h cuando me 'enchufaron' a la máquina.

   Ya sabéis que las plaquetas participan en la coagulación de la sangre (y si habéis sido niñ@s como yo en los años 80, recordaréis hasta las caras de las plaquetas gracias a una serie de dibujos animados de aquella época, "Érase una vez la vida"). Recuerdo que me pusieron un tensiómetro en el mismo brazo que la aguja, y me dieron una pelotita de goma espuma. Cuando el tensiómetro se inflaba yo tenía que apretar y aflojar la pelota, es el momento en el cual están extrayendo tu sangre. Cuando se desinflaba, tenía que relajar la mano. La sangre extraída iba a una máquina que separaba las plaquetas de tu sangre (donación por aféresis se llama) y después la sangre era devuelta de nuevo al cuerpo. 

   Eran las 15.15h cuando me 'desenchufaron' de ella.

   ¿Queréis saber cómo viví esos interminables minutos? Pues mirad: me mareé, me encharqué en sudor, mi piel se palideció al completo, tenía frío, tenía calor, tenía temblores, veía 'flashes' (como si me estuviesen haciendo millones de fotos), y lo peor de todo... noté cómo la sangre volvía al interior del cuerpo. Me cuesta describirlo. Me empezó a temblar la barbilla, podía escuchar incluso mi torrente sanguíneo, correr la sangre por las venas... Todo lo que me podía pasar, me pasó... ... Y estaban echando "Los Simpson" en la televisión. 

   El médico, las enfermeras, mi familia... nos daban ánimo a mi tía y a mí, estuvieron pendientes de nosotras en todo momento. También recuerdo que teníamos a nuestra entera disposición una nevera con comida y refrescos para reponer fuerzas. Fue una experiencia malísima, pero volvería a repetirla las veces que hicieran falta. Nos dijeron que el resto del día estuviéramos tranquilas y que no cogiéramos peso, así que nos volvimos después de salir de 'la sala de torturas' a la sala de espera. 

   Allí ya estaba toda la familia. Yo me sentía mareada aún, y me aconsejaron ponerme al lado de una de las ventanas que estaban abiertas. Las ventanas de ese hospital son oscilantes, así que me senté un rato al lado de una. No me daba el suficiente aire y decidí asomarme...


(Ventana de una sala de espera del Hospital Gregorio Marañón de Madrid)

   ... con tal mala suerte que la ventana decidió cambiar de posición ella sola sin que nadie la tocara cuando mi cabeza aún se estaba asomando... y ¡zasca! ¡golpetazo en la cabeza! Yo ya no sabía si reír, si llorar, qué hacer... Mi familia se reía, los desconocidos que también se hallaban me miraron con pena... Nunca las desgracias vienen solas...

   En resumen, fue un día muy largo, doloroso, de muchos nervios, de mucha incertidumbre... pero me da alegría decir que mi tío cumplió el pasado 10 de junio ¡9 años!

   No dudéis en donar. Yo lo pasé mal, pero no tiene porqué pasaros a vosotr@s también. La gran recompensa es saber que has ayudado con ello a salvar una o muchas vidas. 


No lo dudes. Hazte donante

domingo, 18 de septiembre de 2016

Es 'pa' llorar (18/09/16)


   Se acaba el verano (es 'pa' llorar...). El cielo se nubla (jooooo, nooooooo...), empieza a hacer fresquito (...sniff sniff...) , los pantalones cortos van dejando paso, de momento, a los pantalones pirata (o a las bermudas si eso...). Las camisetas de tirantes y escotes ceden su puesto a las camisetas con manga corta o un poco de manga (grrrrrrrrrrrr....), las sandalias se guardan en el armario para el próximo verano (los piececillos otra vez guardados noooooooo...)  y deja que salgan al aire los zapatos que se usaron en primavera hasta que llegue del todo el frío.

   Empiezas a moquear (clínex, clínex dubidúuuuu), a estornudar (aunque lo de estornudar no he dejado de hacerlo yo en todo el verano), vas notando cosas raras en la garganta (te vas resfriando o simplemente reaparece tu alergia). Los niños han vuelto al cole (es lo que toca...), ya no se les escucha por la mañana en las calles, los quioscos vuelven a sacar todos los primeros fascículos de sus colecciones (yo ya he picado y he comprado uno...)... De vuelta a la normalidad.

   Se acerca el otoño (me voy a llorar...). Se aleja en verano (...y con esto lloro aún más...).



¡Me cago en todo lo que se menea y tiene patas!
¡Quiero que siempre sea verano!
¡Quiero piscina!
¡Quiero playa, que este verano casi no la he olido!
¡No quiero taparme!
¡No quiero sacar la ropa de abrigo!
¡Quiero que siempre haga calor!
¡SOL de verano, no te vayas por favor!
¡Quédate aquí para siempre!

   Triste me hallo. Viviría siempre en verano.



lunes, 12 de septiembre de 2016

¡Un descafeinado por favor! (12/09/16)


   Cuando te vas de viaje, uno de los medios de transporte más cómodos que existe es el tren de alta velocidad, el AVE (llegas en un pestañeo a tu destino), y si vas acompañad@ suelen ocurrir mil y una anécdotas que contar.

   Hace dos domingos, concretamente el día 4 de septiembre (día en el que mis padres celebraban su 40º aniversario de boda), volvía con mi familia de un viaje fugaz a Valencia. Mis padres iban con mi sobrino en un vagón y mi hermana, mi cuñado, mi sobrina, mi prima y yo viajábamos en otro. Si algo le pasa a uno, la risa inmediatamente se contagia y hay risotada colectiva. Os voy a contar algo que me pasó, pero esta vez voy a contarlo de manera diferente. Pedí a mi hermana, a mi cuñado y a mi prima que redactaran ellos lo que me pasó, así que hay tres versiones de lo que ocurrió en unos segundos en el tren:

 
A ver si me acuerdo de todo… jajaja

Momentazo en el AVE Valencia-Madrid el domingo 04-09-16

Viajábamos en los asientos 4w de la clase preferente. Los asientos 4w son aquellos que van enfrentados dos a dos con una mesa en medio. Los asientos negros, de cuero y muy confortables, estaban ocupados por Raúl, Esther, mi hermana, mi bebé y yo.

El viaje era corto, apenas una hora y 40 minutos entre Valencia y Madrid. Parece poco tiempo para hacer una “frikada” (algo incomprensible realizado por algún miembro de la familia, alguna frikada sin sentido), pero no, en una hora y 40 minutos pueden pasar muchas cosas.

Como en la clase preferente del AVE hay catering, estábamos disfrutando de él Raúl, mi hermana y yo mientras Esther, que había comido en McDonalds, cuidaba de mi bebé.

Después de disfrutar de un rico aperitivo (la cantidad que te sirven no permite hablar de “comida”) llega la hora de los cafés.

Mi hermana, muy digna ella, decide que, como se lo dan en el AVE, pues que se lo toma. Es necesario indicar que ni mi hermana ni yo tomamos café, no nos gusta. Pero como era gratis, pues venga, a por él.

El camarero, muy amable, nos pregunta que cómo queremos los cafés. Raúl se lo pide con leche, Esther también con leche, yo más de lo mismo (para que se lo tomara Raúl) y por fin le toca el turno a mi hermana. La conversación fue más o menos así:

n  Camarero: ¿Desea Café?
n  Inma: Sí, descafeinado de sobre
n  Camarero: Es con agua
n  Inma: Sí, de sobre

(Risa generalizada en la mesa)

El camarero le pone una tacita de agua caliente y le entrega el sobre con el café descafeinado.
Cuando el camarero se va, mi hermana, ofuscada, dice…”pero si no me ha puesto leche, me ha puesto agua” (aquí tenemos la “frikada”). Nosotros, entre risas escandalosas le dijimos… “pero si te lo ha dicho”, “te dijo que era con agua y tú insististe en que lo querías de sobre”

Después de reírnos un rato, mi hermana se tragó el orgullo y después de las risas que nos habíamos pasado gracias a su "frikada" terminó tomándose el café, con agua y de sobre.

Y colorín colorado… la “frikada” se ha acabado"

(Esta ha sido la versión de mi hermana)


" Estabamos en el ave y vino el camarero ya a traernos el postre y decidiste pedirte un descafeinado y el chico se confundio y dijo con sobre y con agua en vez de 'de sobre y con agua' y tu lo entendiste como una pregunta para elegir y dijiste con sobre si "

(Esta ha sido la versión de mi prima)


" Un día cualquiera, en un tren cualquiera, en un asiento de clase preferente del coche 1 en la mesa de cuatro, viajaban B, I, M, E y R.

En el momento café tras la comida (creada por los Hermanos Torre y exquisita, por cierto), la buena de I  decidió que iba a tomar un descafeinado porque sí, porque estaba incluido en el menú y muy educadamente se lo pidió al camarero: 'un descafeinado por favor'. El camarero, consciente de que no había disponibilidad de hacer descafeinado de máquina, respondió 'de sobre con agua caliente' a lo que inmediatamente I replicó '¡con agua caliente!' (obviamente, como iba a ser si no el café, pues caliente). Pero ¡ay que error cometió!; se encontró la pobre con una taza de agua hirviendo, un sobre de café descafeinado y una cara de circunstancias cuando finalmente fue consciente de que no había leche, ni se la esperaba... un segundo después la cara de asombro se transformó en una carcajada inacabable (por supuesto correspondida por el auditorio anonadado que la acompañaba) tras ser consciente de que acababa de cometer en público su frikada del día."

(Y esta última ha sido la versión de mi cuñado)


  
   Jijijijijiji... Tres copia-pega de lo que me mandaron los tres... jijijijijiji... Y por cierto, gracias a los tres por haber hecho el esfuerzo de mandármelo... ¡Gracias!

   Sólo puedo añadir a todo esto que el café me sentó mal (si es que era una taza guarrindonga de agua caliente con cuatro polvos de café mal echados), me dio angustia y me estuvo repitiendo el resto del día, pero las risas que nos echamos a mi costa no se pagan ni con todo el oro del mundo...

   ¡Si es que no puedes obligarte a tomarte algo que no te guste aunque sea gratis!






martes, 30 de agosto de 2016

%&#$@#$&% ..... zapatillas... (30/08/16)

   
   Seguro que esto os ha pasado más de una vez (y más de dos y más de tres) pero es que esta vez ha sido la hostia (todavía me tiemblan las canillas)... 

   Hace unos días empecé el día con mal pie: me iba a casa de mi hermana (que vive muy muy lejos de mi casa), y al llegar a la renfe en Leganés Central fui a meter mi billete por los tornos para poder entrar; pues bien, se me puso un maromo cincuentón detrás (puaj.............) pegado a mi espalda y me di cuenta, me hice la tonta y me cambié de torno (más rápida que el correcaminos), observando que él también se cambiaba de torno comingo (ufffffffffffff).


   - ¿No irá a colarse conmigo? - le pregunté girándome a la velocidad del rayo
   - No - me contestó el maromo
   - No, ya le digo yo a usted que no ¡no te jode!
   - Pues entraré con otro

   Me fui más rápido a otros tornos a los que a él no le daba tiempo a llegar (jijijijijijijijijijiji) porque su complexión corporal (estaba fondón y torpón) no le daba para seguirme con agilidad. Entré corriendo y subí al andén. Cogí mi mp5, mis cascos y me puse mi música (música celta, es lo que casi siempre escucho cuando voy en el tren). Se me ocurrió levantar la vista y vi que se acercaba el maromo a mí (OH OH...).

   - ¿Cómo eres tan tonta niñata? - me dijo el subnormal
   - ¿Tonta yo? y usted qué morro le echa ¡no te jode!
   - %&#$@#$&% ..... zapatillas...



¿Ein?

   Y con las mismas, se fue.....

   Eso lo escribo codificado porque no sé muy bien qué me dijo, pero me sonó a amenaza. Me dieron escalofríos y sentí miedo. Espero no encontrármelo otro día.

   Dos chicos se acercaron a ver si todo estaba en orden y les dije que sí, que muchas gracias. Vino el tren, subí y no lo volví a ver.






domingo, 17 de julio de 2016

¡Una de bravas! (17/07/16)



 ¡Unas bravas por favor!

¡Marchando!

¡Refresco de cola con gas edulcorado, por favor!

¡Por supuesto!

(La espera)
((Fuente de bravas y refresquito en camino))
(Salivación)
(Espera)
(Trago (glup))

Bravas, tenedores y pan en la mesa





Coges tenedor
(yiiiiiiiiiiijaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa)

Catamiento de primera brava
(No pica)

Catamiento de segunda brava
(Mmmmm esta ha picado un poco)
(Trago (glup))

Catamiento de tercera brava
(Hoooooooooooostias, pica)
(Tragazo (glup glup glup))

Catamiento de cuarta brava
(La boca ardeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!)

¡Qué ricas están las bravas hoyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy!

....
...............................................

Fuente limpia.

Vaso de refresco de cola con gas edulcorado vacío.

¡MISIÓN CUMPLIDA!







sábado, 21 de mayo de 2016

El señor del polo de rayas (22/05/16)


"Era un señor con poco pelo, el poco pelo que tenía era blanco, llevaba gafas, un polo de rayas azul y naranja y pantalón vaquero"   


   Hace muchos, pero que muchos años (finales del siglo pasado concretamente), con el recién estrenado carnet de conducir por parte de mi hermana, nos aventuramos a coger el coche de nuestro padre (un Opel Kadett Fun) para ir un día a la universidad en la que ella estudiaba entonces. Estábamos bastante lejos de casa, era una de las primeras veces que salíamos ella y yo con el coche tan lejos, pero nos liamos la manta a la cabeza y pusimos rumbo a Ciudad Universitaria (… a la aventura…).

   Recuerdo que nos perdimos, que nos costó bastante tiempo llegar (… qué raro…) Lo que no recuerdo es a qué íbamos, pero conseguimos llegar. De esto hace muchos años, me gustaría poder recordarlo con más detalle, pero recuerdo cosas de aquel día. Recuerdo también que se nos hizo de noche. Ella siempre ha dicho que le gusta conducir de noche, así la luz del sol no deslumbra y van menos coches por la carretera. Pusimos rumbo a casa.

   De regreso nos perdimos también. De hecho, llegamos a una calle que no tenía salida (… oh oh.. esto no nos suena… por aquí no hemos pasado antes… eso es un muro y no se puede avanzar…) y nos costó dar la vuelta para poder salir de allí (pero lo conseguimos). “Vosotras tenéis que ir en dirección a Badajoz y así llegaréis a casa” (consejo de madre, siempre tiene razón) , nos solía decir nuestra madre cuando salíamos con el coche. Dicho y hecho, dirección Badajoz. ¡A casa!

   Llegando al cruce de la Avenida del Mediterráneo con la calle Río Manzanares, con la Universidad Politécnica Carlos III a un lado y el Centro Comercial Leganés Uno al otro, íbamos a pasar por un paso de peatones para hacer la rotonda y terminar el camino que nos quedaba por recorrer.

   - ¡Cuidado! ¡El señor! – grité de repente.

   Susto y frenazo.

   - ¿Qué señor? – me contestó mi hermana asustada.

   Yo flipando.

   - ¡El señor del polo de rayas, que casi le pillas! – seguí gritándole a mi hermana.
   - ¿Qué señor? ¡Si no hay nadie! – me decía mi hermana sin salir de su asombro.
   - ¡El que ha estado a punto de cruzar cuando te lo he dicho y has pegado el frenazo!
   - ¡Que no hay nadie! ¿Dónde está?

   Miré a todos los sitios. Efectivamente no se veía a nadie. En esos momentos pensé que tampoco le había dado tiempo a cruzar tan rápido, se le vería aún.

   - Estaba ahí.
   - No había nadie – me dijo finalmente mi hermana.

   Modo frustración ON.

   - Te juro que había un señor, y te lo puedo describir – le conté a mi hermana después de que volviera a arrancar el coche -. Era un señor con poco pelo, el poco pelo que tenía era blanco, llevaba gafas, un polo de rayas azul y naranja y pantalón vaquero. Estaba mirando a la carretera esperando a cruzar el paso de peatones.
   - No había nadie.

   ¿Estaba o no estaba ese señor esperando para cruzar? Yo creo que sí, lo vi. Mi hermana no lo vio. ¿Por qué yo lo vi y mi hermana no? ¿Fue una alucinación? ¿Fue un espíritu? ¿Estaría allí el señor y decidió dar la vuelta y no cruzar? Ni lo supe en esos momentos ni lo sabré jamás.

   ¿Quién hizo un viaje astral? ¿Mi hermana? ¿Yo? ¿Las dos? ¿O lo hizo el señor que decidió no cruzar y desvanecerse en el aire? Como dije dos líneas más arriba, ni lo supe en esos momentos ni lo sabré jamás.



sábado, 30 de abril de 2016

El Ente debajo de la escalera (01/05/16)


   ¿Tienes miedo?
¿Hay cosas que te asustan?
¿Crees en lo paranormal?
¿Tienes imaginación para dar y regalar?


   ¿Tienes trastero en tu casa? Si lo tienes… ¿Tienes que abrir una tenebrosa puerta para bajar a un lugar frío, oscuro, húmedo y con escaleras metálicas huecas? Teme entonces… porque ahí puede estar (oh oh........)… ¿Que quién puede estar? (...os estaréis preguntando...) El Ente (¿quién?), el Ente que se encuentra debajo de todas las escaleras (¡eso suena muy requetefatal!). No lo ves (ni queráis verlo, ni tan siquiera sentirlo...), pero está ahí (no lo dudéis), y está esperando a que termines de buscar cosas en tu trastero, que apagues las luces y que empieces a subir por las escaleras metálicas huecas para ver unos ojos brillantes y una mano que se alarga para agarrarte el tobillo (¿quéeeeeeeeeeeeeeeeeee?).


   ¡Muahahahahahahahahahaaaaaa! ¡No es real! ¡Claro que no es real! ¡Pero tu miedo sí! ¡Porque la imaginación es muy potente, no tiene límites y se puede crear el miedo tan grande como tu mente quiera! ¡Y aunque no sea real, sales del trastero lo más deprisa que puedas, no vaya a ser que algo te agarre el tobillo y no veas más la luz del día! 



   No me digáis que no os habéis imaginado alguna vez esto (estaríais mintiendo si dijerais que no)... Y seguro que también estáis pensando... ¿Qué hace esta loca contando esto? ¿A qué cuento viene? ¿Y esta paranoia tan tonta? Jijijijijijijijijijijijiji... Pues simplemente lo cuento porque sí, porque mi imaginación en ese sentido es potente, porque no me gusta bajar sola al trastero, porque subir las escaleras se me hace interminable, porque pienso que algún día me voy a tropezar subiendo de lo rápido que lo hago cuando voy sola, porque me imagino los ojos brillantes y algo agarrándome el tobillo, me imagino gritando y no saliendo de allí..... Pero es eso, mi imaginación, mi miedo imaginario...

   Y a vosotr@s ¿Qué os da miedo? 




sábado, 5 de marzo de 2016

Modo Viaje Astral ON (06/03/16)

 
   ¿Sabíais que el microondas lo inventó un señor llamado Percy Spencer en 1945? ¿Sabéis que el microondas sirve para calentar los alimentos? Seguro que sí.

   Este electrodoméstico tan simple y tan particular a la vez, llegó a mi casa en el segundo milenio, pero no fue en mi casa la primera vez que yo lo utilicé.

   Hace muchos, pero que muchos muchos años (os hablo del siglo pasado y del milenio pasado también (¡anda que no ha llovido "ni ná")), mi primer trabajo fue cuidar a un niño que tenía por aquel entonces... siete años. Iba a recogerle todas las tardes al colegio y le ayudaba con sus deberes (tareas escolares) hasta que llegaban sus padres a casa. Los días que no tenía colegio, me iba a su casa a pasar el día con él. Si hacía buen tiempo salíamos a pasear a su perrita, si hacía malo nos pasábamos el día jugando y viendo películas; en verano bajábamos y nos bañábamos en la piscina (vaya aguadillas que me hacía el cabrito...)... lo que se suele hacer cuando no hay colegio. ¿Por qué os cuento todo esto? Pues es muy sencillo: aparte de mí en esa casa, había otra señora empleada que se encargaba de las tareas del hogar y de hacer la comida, pero ella sólo iba un rato por las tardes, y cuando yo estaba allí todo el día, me tocaba a mí preparar algo fácil. La verdad es que no me costaba nada preparar en un momento lo que me dejaba escrito la madre del nene en un post-it en la nevera.

   Recuerdo que cuando yo entré en esa casa no había microondas, llegó después que yo.

   Un día de los que pasábamos el día juntos (con la existencia del nuevo electrodoméstico calienta alimentos en su cocina), me dijo:

   - Tengo hambre ¿Por qué no vamos calentando la comida?
   - Claro, dame un minuto y voy calentando primero tu plato.

   Me fui a la cocina, saqué dos platos, abrí la nevera y cogí un táper con espaguetis y el queso rallado. Repartí la comida entre los dos platos y miré al microondas, lo abrí y metí su plato.

(Tiempo de espera)
.......
(Sigue el tiempo de espera)
.......

   - Inma, tengo hambre. ¿Qué haces? -vino el nene a decirme.
   - Te estoy calentando a ti primero los espaguetis, luego meteré los míos.
   - Inma, ¿los has metido en la nevera? ....

********** (Modo Viaje Astral ON) **********

   ... Me mira. Le miro. Miramos a la nevera. Me giro hacia el microondas (ups, no está funcionando y está vacío). Abro la nevera. ¡¡¡Tacháaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan!!! El plato de espaguetis se estaba refrescando...

   ... Me mira. Le miro. Saco el plato de la nevera y me giro hacia el microondas. Abro la puerta, meto el plato, cierro la puerta y le doy a la ruleta del tiempo. Microondas funcionando.

.................................

   Me mira. Le miro. Se echa a reír. Yo también.

   - ¡¡¡Pero qué despistada!!!
   - Pues sí cielo, es que no estoy acostumbrada yo al microondas.

   Siguió riendo (que tenía una sonrisa muy contagiosa el jodío) mientras terminaban de calentarse sus espaguetis.

   ¡Qué recuerdos! Era riquísimo el niño, un poquito bicho, pero riquísimo. ¿Sabíais que hoy ese niño tiene 26 años? Pues sí, que lo sepáis, que llevo haciendo viajes astrales desde hace muuuuuuuuuuuuuuuuuchos años... Y los que me quedan...............

   Moraleja: el microondas sirve para calentar y la nevera para enfriar. ¡¡¡Que no se os olvide!!!

   Nos vemos en el siguiente post, y mientras tanto... sed buen@s... o no...








domingo, 7 de febrero de 2016

Estoy torpe no, lo siguiente (07/02/16)


   "Si algo puede salir mal, saldrá mal", ya lo decía Murphy sabiamente en una de sus leyes. Se podría aplicar también a algo así como "si crees que va a pasar algo y no quieres que pase, pasará", y pasa, ya os cuento yo que pasa... Que vas tranquilamente en autobús por el centro de Madrid y estás muy lejos aún de tu casa y piensas: "... Espero que no me entren ganas de orinar..."... Pues entran, y cuando las ganas van creciendo, más te desesperas y más escalofríos te entran. Por suerte, en el recorrido de ese autobús hay unos conocidos grandes almacenes en los que puedes entrar tranquilamente a echar un vistazo e ir a visitar sus instalaciones urinarias de vez en cuando (que ya tienes previamente localizadas porque no es la primera vez que las visitas). Sabes que éstos están subiendo las escaleras a la primera planta y cogiendo el pasillo de la derecha. Ahí están, y vas segura a ellos. ¿Pero qué pasa cuando entras, recorres el pasillo, subes las escaleras y te encuentras la planta cerrada por reformas? (¡Nooooooooooooooooooooooooo!) Piensas: "Me voy a la segunda planta que estarán justo en el mismo sitio". ¡Pues no! Resulta que la segunda planta no tiene baños. (uuuffffffffffffff) Decides seguir subiendo (vamos a probar suerte en la tercera planta) y te diriges al mismo rincón de la primera planta creyendo que ahí sí vas a tener un baño disponible para ti. ¡Error! ¡No hay baño tampoco! (modo pánico ON) Le das la vuelta a todas las plantas, recorres sus puertas (salidas de emergencia, habitaciones privadas...) y ya con escalofríos escalofriantes, preguntas a una amable dependienta:

   - Disculpe, buenas tardes. ¿Serías tan amable de decirme, por favor, dónde hay un baño?
   - En la planta cuarta, arriba.
   - ¡Gracias!

   Sales de allí a la velocidad del rayo (bueno, quizás un poco menos), subes las escaleras (que se hacen interminables) y llegas a la planta cuarta. Echas un vistazo, recorres las puertas... ¡No hay baño! "¿Y ahora qué?"

   - Por favor - se le pregunta de nuevo a una dependienta - ¿Hay baños en esta planta? Tu compañera de abajo me ha dicho que aquí sí hay baños y no los encuentro.
   - Sí, los tienes dentro de la cafetería, al fondo de la barra.

¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaleluya!

   Ves contenta y alegre a la gente sentada, te diriges a la puerta de entrada y ves que no es la cafetería (grrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr) sino que es "Atención al cliente" (grrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr)...

"¿Dónde coño está la puerta de la cafetería?"

   Sigues caminando, sigues viendo a la gente sentada merendando y no encuentras la puerta, hasta que, al final de los cristales, ves la puerta con un letrero en el que puedes leer "CAFETERÍA". "Venga va, que llegas, último escalofrío..."..... Y ya, por fin, ves una puerta con una monigota con vestido y piensas "¡Aaaaaaaaaaaaaleluya! ¡Aaaaaaaaaaaaaleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleeluuyaaaaaaaaaa!"

( .......... Lo que viene ahora no se puede contar.......... )

.................................................

   Sales con una cara de felicidad y una tranquilidad indescriptibles, decidida a continuar con tu camino, cuando piensas: "Pues me bajo al súper y me compro un refresco de cola con gas edulcorado para el camino", pero no sabía yo si esos grandes almacenes tenían o no súper. "Si hay, tienen que estar en la planta más baja". Empiezas a bajar escaleras hasta que no puedes más, y no encuentras el súper para comprarte tu ansiado refresco (que ya, con la vejiga vacía, iba apeteciendo). "Pues no habrá súper aquí". Vas a las escaleras y te adelanta una señora con desparpajo con un par de bolsas del súper (¿Ein?)

   - Disculpe, por favor ¿Dónde está el súper? Es que no lo encuentro - le preguntas a la amable señora con desparpajo.
   - En la planta baja (........), las escaleras las tienes al fondo de la zapatería.
   - ¡Muchas gracias!

   Vuelves a bajar. Recorres la planta, ves la zapatería (no hay escaleras). La recorres de nuevo (no hay escaleras, me han timado) y no ves nada... "Estoy torpe no, lo siguiente"

   - Por favor - te acercas a la vigilante de seguridad - ¿Las escaleras para bajar al súper?
   - Sí, las tienes aquí (detrás de ella) (.................), las mecánicas a la izquierda y las no mecánicas a la derecha.
(...............................)
   - ¡Gracias!

   Y ya bajas, súper feliz y más contenta que una perdiz porque vas a encontrar tu ansiado refresco ¡por fiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiin!

   Te lo compras, subes las escaleras para buscar la puerta por la que has entrado hace casi media hora ya... y sales a la calle rumbo a casa (ahora a bebérselo despacito, no vaya a ser que llegue con escalofríos a casa)

   Qué malo es hacer viajes e ir con ganas de... ya me entendéis...

   Ya os seguiré contando cosas... Así que sed buen@s mientras tanto... o no...