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miércoles, 24 de abril de 2019

¡Yo me tiro por ahí!


   Pobre rodilla mía, se lleva los golpes más inesperados. Golpes contra mesas invisibles (invisibles porque no se ven de tanto cristal como tienen), mesas que están a alturas estratégicas de una de las partes más sensibles del cuerpo humano y una de las más susceptibles de llevarse golpes. ¡Anda que no se ha llevado golpes esta rodilla!

   Recuerdo que hace unos años, una semana justo antes del 11-M, se llevó mi santa rodilla un golpe descomunal. Íbamos mi señora madre y yo a al hospital Niño Jesús a ver a una prima a la que acababan de operar de urgencia de apendicitis. Fuimos en tren. En Embajadores, una vez salías del tren y te dirigías al metro, había que subir escaleras para llegar al andén (lo cual era raro, porque normalmente siempre bajas escaleras para descender al metro), y escuché que el metro estaba entrando (hace tiempo que no voy por ahí pero imagino que sigue igual).

   - ¡Corre, que viene! - le dije a la mía mamma, y eché a correr escaleras arriba.

   ¿Te puedes caer subiendo las escaleras? La respuesta es sí. ¿Se puede ser tan torpe? La respuesta vuelve a ser sí. 

   - ¡Ja, ja, ja! ¡Hija! - ten madre para que se ría de ti cuando te caigas...

   - ¡Qué hostión me he dado!

   Me levanté el pantalón y tenía todas las rayas de las escaleras grabadas en la rodilla (ahí, bien puestecitas, como un código de barras). ¡Pobrecita mía! ¿Quién la mandaría a ella correr para subir a tiempo de coger el metro? ¿Queréis saber si cogimos o no el metro? Esa... es otra historia...

   Llegamos al hospital y vimos a mi prima, me crucé con la actriz Lucía Jiménez por uno de los pasillos. Mi rodilla parecía que estaba dentro de una olla a presión, pero no dije nada. Una vez en el hospital podría haber ido de urgencias a que me hubieran echado un vistazo, pero no lo hice... Sólo fue un hematoma rayado de campeonato (que fue poco para el hostión que me di, podría haber sido peor).

   Ese fue uno de otros muchos golpes. Ayer me di otro descomunal, pero lo contaré después.

   Hace un tiempo (tampoco mucho), estuve con mi familia en Madrid Río, que para quien no sepa qué es, Madrid Río es un enclave cultural y lúdico, con espacios para hacer actividades al aire libre y en el que los peques disfrutan muchísimo, paralelo al Río Manzanares y situado justo encima del soterramiento de la M30 (a lo mejor piensas... ¿y a mí qué más me da?... bueno, pues si te da igual, cierra y busca otras cosas... y si te pica la curiosidad, quédate y sigue leyendo...). Si habéis estado alguna vez ahí, sabréis que hay unos toboganes de acero grandes de tubo por los que se deslizan niños y adultos a partes iguales (parece que estoy contando un problema de matemáticas).


(Foto de aquel día de esos toboganes)

   Los niños salían con una cara de felicidad extrema, y pensé "yo me tiro por ahí" (sí sí, muy valiente yo). Subí con una de mis primas, me puse al borde del tubo, me asomé, me senté y no me impulsé, simplemente me dejé caer... ¡Madre del amor hermoso! ¡Qué velocidad cogí! Cuando llegué al suelo, frené con los talones y claro, por pura física, se me quedaron clavados en el suelo y caí a cuatro patas, destrozándome las rodillas y los codos. ¿Os imagináis a una treintañera con las rodillas sangrando? Pues sí, yo (treintañera cuando me pasó, claro, que ahora soy una recién estrenada cuarentañera). Bueno, sangrando, con heridas... Pero la peor parte se la llevó mi famosa rodilla derecha. Creo que ese fue uno de los peores golpes que se ha llevado mi rodilla. Eso... y mi familia descojonada de la risa... ¡Ah, que se me ha olvidado un pequeño detalle! Cuando caes de un tobogán de esos, no hay arena al final, no hay goma dura, hay ¡piedras! ¡flipad! ¡piedras! ¿A quién se le ocurre poner piedras en la caída de los toboganes? ¡Mamasita! Mi rodilla tardó en recuperarse de esto.


(Evolución de la gama cromática de mi rodilla)

   Ayer me di la última, en una tienda de muebles. Como bien decía al principio, las mesas hechas de cristal que no se ven son muy peligrosas. Os prometo que no la vi.

   Se sentó mi progenitora en un sofá para probarlo.

   - Necesitaría algo para ponerme en los riñones, es demasiado blando. Bonito, pero blando.

   - ¿A ver?

   No había dado dos pasos, cuando de repente ¡ZAS! ¿Es que mi rodilla tiene un imán? 

   - ¡Ay, ay, ay! - otra vez parecía mi rodilla una olla a presión.

   - ¿Es que no la has visto? ¡Ja, ja, ja, ja, ja!

   - ¡Pues no! ¡Ay, ay, ay! (lagrimones de risa dolorosa)

   Me senté en el sofá a reposar un poco, a masajearme un poco la rodilla, qué dolor tenía... Y el sofá era demasiado blando, tenía razón mi madre... ¡Aaaaayyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy!

   Me duele, pero será un dolor de unos días (y ahora que me doy cuenta, la de cosas que he escrito para contaros que ayer me di un golpe...).


   P.D: Después de la caída en Embajadores, sí cogimos en metro.
   P.P.D: ¿Por qué duelen tanto los golpes en las rodillas? ¡Si es todo hueso!
   P.P.P.D: ¿Qué golpes os habéis dado en las rodillas? ¿Me lo contáis?



   

   

miércoles, 21 de marzo de 2018

Un retiro en la bóveda de un banco


   La verdad es que no sé cómo empezar esto. Diría cien mil cosas (o más, que no me gusta exagerar) de miles de millones de formas, pero escribir posts agota (ehm... es metafórico).

   ¿Me pasará algo interesante hoy? ¿Tendré un sueño extraño? ¿Se me ocurrirá algo fuera de lo normal que necesite compartir con vosotr@s?

   Hay personas que escriben diariamente en sus blogs y pueden hablar absolutamente de todo lo que se les ocurra. Pueden tener seguidores y puede haber gente a la que no le agrade o que se canse de leer lo que comparten. ¿Estás obligado a leer lo que los demás escriben? No. Nadie, absolutamente nadie tiene que leer algo que no le apetezca leer, la voluntad de leer es libre.

   L@s que me habéis leído en una o varias ocasiones (gracias por hacerlo), sabréis que mi blog no es diario, es ocasional. No escribo recetas de cocina (aunque podría compartir alguna), ni consejos de jardinería (...esto va a ser que no se me da muy bien...), tampoco cuento a diario cómo me visto o me dejo de vestir (no soy influencer), no soy una guía turística... Escribo sobre mí y mis tonterías.

   Llegados hasta aquí ¿Te apetece seguir leyendo?

   Si la respuesta es no, tienes el maravilloso mundo de Internet delante de tus ojos y navegar por donde quieras a lo largo y ancho de la red. Si la respuesta es sí, sigue leyendo.

   Hace unas semanas alguien leyó uno de los post antiguos que decidí compartir en una red social. Quizás ni siquiera lo leyó, puede que viera el título y decidiera opinar sin haber leído. Eso sólo lo sabe él, y repito lo que ya dije antes, nadie está obligado a leer nada que no quiera leer. Decidió dejarme un mensaje:

"Si, me gustaria que hicieras un viaje astral a la boveda de un banco, para hacer un pequeno retiro"
(Copiado y pegado literal, con sus pequeñas faltas de ortografía y demás)

   ¿Cómo pensáis que fue mi reacción al leerlo? Pues veréis. Al principio me hizo gracia, pero luego empecé a darle vueltas (se puso mi cabeza en modo centrifugadora ON). Empecé a pensar que quizás mis tonterías eran demasiado tontas y no merecía la pena ni que fuesen contadas. Pensé que la gente se permite el lujo de opinar sin conocer. Si a esa persona le resulto una petarda por contar cosas como esas... pues he de decir que sí, que soy una petarda, que me pasan cosas que hay veces que merecen ser contadas, que me gusta contarlas, me gusta escribir sobre ellas, porque no quiero que se me olviden y de vez en cuando lo miro y me río, porque si no fuera porque las escribo aquí, muchas se me hubiesen olvidado.

   Se lo conté a un grupo de amigos, le quitaron importancia al asunto e hicieron que no le diese más vueltas, pero también me recomendaron que lo contara, y aquí estoy, os lo cuento desde esa maravillosa bóveda madrileña que tod@s conocéis.




(Es que he aprovechado para subir y hacer ese pequeño retiro, y lo mío me ha costado eh...)

   En resumen, ¿Te apetece leer un blog? Léelo. ¿Te ríes y te gusta? ¡Compártelo! ¿Ves que descubres un blog y que no te interesa? ¡Pues a otra cosa mariposa!



 
   Mientras llega la siguiente reflexión o locura o tontería... sed buen@s... o no...


(21/03/18)


martes, 25 de julio de 2017

Quizás, quizás, quizás


      Los coches tienen cinturones de seguridad para sujerarte en caso de accidente (ya sé que lo sabéis, pero no está de más recordarlo). Los autobuses tienen barras (o barrotes para quien los quiera llamar barrotes) para agarrarse y no caerse. Los trenes y metros también. Las puedes ver distribuidas por el techo a lo largo del vagón para que alces el brazo y te agarres; también algunas forman parte de los asientos y puedes asirlas (teniendo cuidado de no rozar ni un milímetro de la persona que lo ocupa, que lo notan y luego te miran raro) ; otras están situadas en los laterales de las puertas y las más chulas están colocadas verticales desde el techo hasta el suelo (que te agarras a esas y te dan ganas de marcarte un baile).

   Hay ocasiones en las que el tren va tan sumamente lleno de gente que no tienes espacio ni para sacar un brazo y agarrarte (como sardinas en lata). Y sí, os podéis imaginar qué me ha pasado y porqué digo lo de las barras (viendo mi historial en el blog, ya podéis intuir que no ha sido "na bueno").

   Pasa pocas veces, pero a veces pasa, que vayas en el tren y al frenar éste, alguien pierda el equilibrio ("cataplof", al suelo). La que perdió el equilibrio fui yo (¡lo habéis adivinado!). No tenía dónde agarrarme (que sí, que ya sé que hay barras, pero era imposible...), entonces coloqué los pies de modo y manera que no me caería en el caso de que éste frenara (postura inmininja: pies torcidos y alguna de las dos piertas semiflexionada en la que recae el peso del cuerpo para amortiguar la frenada (lo sé, yo tampoco sé lo que he dicho)).

   Recuerdo que estaba llegando a la estación de tren en Nuevos Ministerios. El tren iba muy lleno y me levanté de mi asiento porque estaba entrando en la estación (nunca me pongo de pie en el túnel). No podía agarrarme a ningún sitio, no había espacio físico para moverme. ¿Qué pasó? (música de misterio... chan chan chaaaaaaaaaaaaaaaaaan...) Que el tren antes de frenar dio como un tirón muy raro que no esperaba nadie, y yo perdí el control del equilibrio...

   - ¡Uy! ¡Perdón! - le dije a una chica mientras me caía y ésta intentaba lenvantarme.

   No pudo levantarme...

   -¡Uy, uy! ¡Perdón! ¡Perdón! - le dije a otro señor porque ya me estaba cayendo encima de él... y tampoco pudo levantarme pero sí sujetarme un poco... aunque no fue suficiente...

   -¡Uy, uy, uy! - no podía parar de repetirlo - ¡Perdón, perdón, perdón! - una tercera mujer ayudó finalmente a que no me cayera y pudieron levantarme.

   - ¡Perdón de nuevo! Y muchas gracias por sujetarme - les dije a todos finalmente, a lo que ellos me respondieron sonriéndome (o riéndose de mí... quién sabe...)

   ¡Qué apuro, por el amor de Thor! ¡Yo nunca me había visto en una de esas! ¡Tres personas sujetándome y que me caía... me caía...! Pero no me caí gracias a ellos tres, a la chica, al señor y a la mujer. ¡Gracias, gracias, gracias!

   Con un calor inmenso, las puertas se abrieron y pude bajarme del tren sin más incidentes. ¿Contaría la gente del tren que vieron a una chica súper guapa y súper buenorra cayéndose esa mañana en el tren?

Quizás, quizás. quizás... 




(25/07/17)




 

sábado, 15 de abril de 2017

¿Creéis en fantasmas?


   14 de Abril de 2017. Viernes Santo

   Todos los Viernes Santos desde hace muchos años, mi familia y yo solemos salir a pasar el día fuera de casa (ya que somos del grupo de personas que no salimos de vacaciones por ahí estos días). Normalmente aprovechamos para conocer museos y lugares que no conocemos aún de Madrid (parece que lo conoces todo y luego descubres que hay cientos de miles de millones de cosas que aún no conoces de tu ciudad). Este año no sabíamos dónde ir (estábamos en blanco, la verdad, la noche anterior no sabíamos aún lo que íbamos a hacer), y unos familiares que se apuntaron a la excursión con nosotros, nos sugirieron visitar el Museo Arqueológico Nacional de Madrid (el cual yo aún no conocía) "¡Genial!" pensé, pues tenía muchas ganas de ir. Nos levantamos pronto, cogimos el tren y ¡a Madrid!

   Con mi Nikon al cuello (que no falte, inseparables), fuimos paseando todos por las distintas salas que tiene el museo (por cierto, muy recomendable si aún no lo conocéis). Llegamos a una pequeña parte dedicada únicamente a la moneda y al entorno de ésta, y en el pasillo 40 pasó algo (ya me empiezan a dar escalofríos sólo de pensarlo) que yo nunca había vivido. Quería hacer una foto, esta foto...


... y para hacerla tenía que hacer mucho zoom desde donde la quería hacer, desde aquí...


... de hecho, se ve un trocito de lo que yo quería fotografiar. Pues bien, fui a hacer zoom y, cuando ya tenía enmarcada la imagen en la pantalla de mi cámara de fotos (¡aquí ya empieza lo bueno!), el zoom se quitó (¡¿¡¿¡¿qué ha pasado?!?!?!). Volví a hacer zoom y éste volvió a quitarse (¿¡¿¡qué!?!?). Y otro zoom... que se volvió a quitar. Y otro y otro y otro zoom... (¿¡¿¡¿¡pero esto qué es!?!?!?)... y todos se volvieron a quitar. "Hay un fantasma juguetón que no me deja hacer la foto", le dije a mi familia riéndome, "hago zoom y me lo quita ¿no querrá que vea algo? ¿por qué me lo quita? Sea quien sea o sea lo que sea, está juguetón". De verdad, inexplicable. Eso de poner zoom y que éste se quitara... sólo pudo ser un fantasma, porque nunca me había pasado esto, y porque no me volvió a pasar en lo que quedó de día.



¿Creéis en fantasmas?



(14/04/17)

martes, 7 de febrero de 2017

Otro día fingiré estar embarazada ¡Ea!


   Soy una buena ciudadana. Lo sé. Lo demuestro a diario. ¿Cómo lo demostré hace unos días? Pues veréis: volvíamos mis padres y yo en el autobús nº 9 desde casa de mi hermana hasta Cibeles. Mis padres se habían sentado juntos y yo en otro sitio, no había tres asientos juntos (¡ouch! ¡no pasa nada! me senté en otro y ya está). Una señora muy mayor (muy, muy, pero que muy mayor) se levantó corriendo de su asiento (a la velocidad del rayo, por cierto... increíble para su condición física) porque a mi lado se había quedado el asiento libre (y ya sabemos todos que un asiento libre en un autobús es un tesoro muuuuuuy preciado), y se estaba levantando con el autobús moviéndose (muy atrevida ella). Extendí hacia ella mi mano para ayudarla para que no se cayera y se sentara conmigo (¡olé por mí y por mi buena obra!).


¡Primera obra del día!



   En otra parada del recorrido se subió una señora muy muy mayor (fue la tarde de las señoras súper mayores en el autobús), (((¿cuántos años sumaríamos entre todos? una bestialidad, seguro))) muy requetepintada (no le pegaba, la verdad), con un abrigo de oso panda (¡puaj!) que seguro era verdadero (grrrrrrr), y se me puso delante:



   - Señorita - me dijo con voz dulce y ojos como el gatete de Shrek - ¿te importa levantarte para que me siente yo?



   Me quedé mirándola, le puse una sonrisa (finjida pero dulce) y, levantándome de mi asiento como si llevase un millón de losas encima, como si me acabase de arrasar una manada entera de elefantes, como si hubiese hecho una comida sin haber probado un trozo de pan (un dolor abominable...)... le dije: 



   - Por supuesto, siéntese.


¡Segunda obra del día!

   Menos mal que justo al levantarme yo, se levantaron las dos personas que iban detrás de mí y volví a sentarme hasta Cibeles..... Otro día fingiré estar embarazada y no me voy a levantar. ¡Ea!





(07/12/17)



martes, 10 de enero de 2017

'PUSH'


   Cuando ves que en una puerta pone 'PUSH' ¿Tú qué haces?

   Caminando iba anoche por la calle Serrano de Madrid con un cometido: devolver una cosa en unos conocidos grandes almacenes (que no voy a nombrar porque no me pagan por hacerles publicidad). Si has caminado por allí sabrás, seguramente, de qué grandes almacenes hablo.

   Entro en el primer edificio (es que hay tres):

   - Hola, buenas tardes - me acerco a un vendedor y le pregunto - ¿A qué planta tengo que subir para poder devolver esto? - el dependiente se asoma a la bolsa.
   - Tiene que ir al edificio de caballeros, situado en esta misma calle pero un poco más adelante y en la acera de enfrente.
   - Sí, lo conozco, muchas gracias - di media vuelta y salí.

   Crucé la calle para dirigirme al edificio de caballeros, y frente a la puerta, leo 'PUSH'. Ni corta ni perezosa, puse la mano encima del 'PUSH' esperando que la puerta se abriera sola (el poder de la fuerza me acompañaba). No se abrió. Volví a poner la mano sobre el 'PUSH' (a ver si esta vez daba resultado) y nada, que no se abría (¿qué estaré haciendo mal?)... Y llega un señor, le dejo paso, le pega un empujón gordo a la puerta y... ¡Se abrió!

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   ¡Ni 'PUSH' ni 'PASH'! ¡Que pongan 'EMPUJE FUERTE' y ya está! ¡Tanto 'PUSH' tanto 'PUSH'! ¡Si la puerta pesaba como mil demonios! ¡Y sólo había que empujar! ¡Rozando el 'PUSH' la puerta no se iba a abrir!

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   Entré con mi bolsa en la mano y le pregunté lo mismo a una dependienta que por allí se hallaba: 

   - Disculpe, ¿A qué planta tengo que ir para hacer una devolución? - le enseñé el contenido de la bolsa, y ella se asomó.
   - Tiene que ir a otros centros, pues esa marca no la trabajamos aquí. Disculpe las molestias - me contestó con un pequeño tono pijo.
   - Muy bien, gracias y buenas tardes.

   Di media vuelta, me dirigí a otra puerta en la que también ponía 'PUSH', empujé con todas mis fuerzas y la puerta se abrió. Frustrada, me fui a mi casa.

   Conclusión de este mini post: vivimos digitalizados, y crees que, con un sólo roce de tu mano, se va a abrir un mundo frente a ti... y no... ¡hay que empujar!




(10/01/17)





jueves, 20 de octubre de 2016

La salud no entiende ni de días ni de horas


   Estaba muy malito. Su calidad de vida había disminuido considerablemente y le dijeron que tenían que hacerle una operación quirúrgica muy grave, un trasplante de hígado.

   Cuando escuchas la palabra "trasplante" se vienen a la cabeza cientos de miles de cosas, y no todas las que te vienen son buenas. Piensas qué pasará, cuándo será, si se lo harán prontito, si tardarán meses en hacerlo, si le irá bien tras la operación, si no saldrá de ella... La cabeza empieza a centrifugar y se mezclan los pensamientos con los miedos y las emociones.

   Esto que os estoy contando hoy pasó hace muchos años, concretamente en 2007, e intentaré hacer memoria para contarlo de la mejor manera posible.

   Cuando alguien está esperando un trasplante, tiene que haber dos personas con él (ya sean familiares o amigos) que estén dispuestos a donar sus plaquetas. Estas dos personas se hacen una analítica para que los hematólogos vean su número y calidad de plaquetas. En el momento en el cual el enfermo es llamado para hacer el trasplante, esas dos personas tienen que acudir inmediatamente al hospital con él, sea la hora que sea y sea el día que sea, la salud no entiende ni de días ni de horas. 

   El 10 de junio de 2007 mi tío recibió una llamada telefónica de madrugada, había llegado un hígado compatible con él y el trasplante era inminente. Inmediatamente después, el teléfono de mi casa sonó, pues yo iba a ser una de las donantes de plaquetas. Llegamos al hospital de madrugada, llegó otra tía mía que iba a ser la segunda donante y llegaron mis tíos... La sala de espera era un sentimiento de miedo nervioso generalizado. Una enfermera nos indicó a mi tía (la otra donante) y a mí que teníamos que tener el estómago lleno, que desayunásemos bien, para resistir con fuerza.

   Recuerdo que a mi tío se lo bajaron a quirófano a primera hora de la mañana, entonces nos fuimos a desayunar porque teníamos que estar listas en cualquier momento. Y el momento llegó. Visualizo casi perfectamente la antesala de la sala de donación. Estaban mi madre, creo que mi hermana, mis tías, no sé si alguien más... Me hicieron firmar un papel azul dando mi consentimiento para donar. En ese papel azul explicaban todas las cosas que te podían pasar mientras donabas, cosas tales como mareos, sudores, nerviosismo...  y piensas "es mi tío, da igual que me pueda pasar todo esto... ... ...  ¿cuántas probabilidades hay de que me pase todo esto? ... ... ... ...¿o incluso que pueda sentir algo de todo esto?... ... ... ..."... y lo firmé.

   A mí no me gustan las agujas, ya lo he contado alguna vez, y la aguja del donante es mucho más gorda que la de una analítica normal. "Madrecita mía", pensé yo. "Venga Inma, que tú puedes, pero no mires" (en ese momento sentí el pinchazo).

   Eran las 13.50h cuando me 'enchufaron' a la máquina.

   Ya sabéis que las plaquetas participan en la coagulación de la sangre (y si habéis sido niñ@s como yo en los años 80, recordaréis hasta las caras de las plaquetas gracias a una serie de dibujos animados de aquella época, "Érase una vez la vida"). Recuerdo que me pusieron un tensiómetro en el mismo brazo que la aguja, y me dieron una pelotita de goma espuma. Cuando el tensiómetro se inflaba yo tenía que apretar y aflojar la pelota, es el momento en el cual están extrayendo tu sangre. Cuando se desinflaba, tenía que relajar la mano. La sangre extraída iba a una máquina que separaba las plaquetas de tu sangre (donación por aféresis se llama) y después la sangre era devuelta de nuevo al cuerpo. 

   Eran las 15.15h cuando me 'desenchufaron' de ella.

   ¿Queréis saber cómo viví esos interminables minutos? Pues mirad: me mareé, me encharqué en sudor, mi piel se palideció al completo, tenía frío, tenía calor, tenía temblores, veía 'flashes' (como si me estuviesen haciendo millones de fotos), y lo peor de todo... noté cómo la sangre volvía al interior del cuerpo. Me cuesta describirlo. Me empezó a temblar la barbilla, podía escuchar incluso mi torrente sanguíneo, correr la sangre por las venas... Todo lo que me podía pasar, me pasó... ... Y estaban echando "Los Simpson" en la televisión. 

   El médico, las enfermeras, mi familia... nos daban ánimo a mi tía y a mí, estuvieron pendientes de nosotras en todo momento. También recuerdo que teníamos a nuestra entera disposición una nevera con comida y refrescos para reponer fuerzas. Fue una experiencia malísima, pero volvería a repetirla las veces que hicieran falta. Nos dijeron que el resto del día estuviéramos tranquilas y que no cogiéramos peso, así que nos volvimos después de salir de 'la sala de torturas' a la sala de espera. 

   Allí ya estaba toda la familia. Yo me sentía mareada aún, y me aconsejaron ponerme al lado de una de las ventanas que estaban abiertas. Las ventanas de ese hospital son oscilantes, así que me senté un rato al lado de una. No me daba el suficiente aire y decidí asomarme...


(Ventana de una sala de espera del Hospital Gregorio Marañón de Madrid)

   ... con tal mala suerte que la ventana decidió cambiar de posición ella sola sin que nadie la tocara cuando mi cabeza aún se estaba asomando... y ¡zasca! ¡golpetazo en la cabeza! Yo ya no sabía si reír, si llorar, qué hacer... Mi familia se reía, los desconocidos que también se hallaban me miraron con pena... Nunca las desgracias vienen solas...

   En resumen, fue un día muy largo, doloroso, de muchos nervios, de mucha incertidumbre... pero me da alegría decir que mi tío cumplió el pasado 10 de junio ¡9 años!

   No dudéis en donar. Yo lo pasé mal, pero no tiene porqué pasaros a vosotr@s también. La gran recompensa es saber que has ayudado con ello a salvar una o muchas vidas. 


No lo dudes. Hazte donante


(20/10/16)

sábado, 21 de mayo de 2016

El señor del polo de rayas


"Era un señor con poco pelo, el poco pelo que tenía era blanco, llevaba gafas, un polo de rayas azul y naranja y pantalón vaquero"   


   Hace muchos, pero que muchos años (finales del siglo pasado concretamente), con el recién estrenado carnet de conducir por parte de mi hermana, nos aventuramos a coger el coche de nuestro padre (un Opel Kadett Fun) para ir un día a la universidad en la que ella estudiaba entonces. Estábamos bastante lejos de casa, era una de las primeras veces que salíamos ella y yo con el coche tan lejos, pero nos liamos la manta a la cabeza y pusimos rumbo a Ciudad Universitaria (… a la aventura…).

   Recuerdo que nos perdimos, que nos costó bastante tiempo llegar (… qué raro…) Lo que no recuerdo es a qué íbamos, pero conseguimos llegar. De esto hace muchos años, me gustaría poder recordarlo con más detalle, pero recuerdo cosas de aquel día. Recuerdo también que se nos hizo de noche. Ella siempre ha dicho que le gusta conducir de noche, así la luz del sol no deslumbra y van menos coches por la carretera. Pusimos rumbo a casa.

   De regreso nos perdimos también. De hecho, llegamos a una calle que no tenía salida (… oh oh.. esto no nos suena… por aquí no hemos pasado antes… eso es un muro y no se puede avanzar…) y nos costó dar la vuelta para poder salir de allí (pero lo conseguimos). “Vosotras tenéis que ir en dirección a Badajoz y así llegaréis a casa” (consejo de madre, siempre tiene razón) , nos solía decir nuestra madre cuando salíamos con el coche. Dicho y hecho, dirección Badajoz. ¡A casa!

   Llegando al cruce de la Avenida del Mediterráneo con la calle Río Manzanares, con la Universidad Politécnica Carlos III a un lado y el Centro Comercial Leganés Uno al otro, íbamos a pasar por un paso de peatones para hacer la rotonda y terminar el camino que nos quedaba por recorrer.

   - ¡Cuidado! ¡El señor! – grité de repente.

   Susto y frenazo.

   - ¿Qué señor? – me contestó mi hermana asustada.

   Yo flipando.

   - ¡El señor del polo de rayas, que casi le pillas! – seguí gritándole a mi hermana.
   - ¿Qué señor? ¡Si no hay nadie! – me decía mi hermana sin salir de su asombro.
   - ¡El que ha estado a punto de cruzar cuando te lo he dicho y has pegado el frenazo!
   - ¡Que no hay nadie! ¿Dónde está?

   Miré a todos los sitios. Efectivamente no se veía a nadie. En esos momentos pensé que tampoco le había dado tiempo a cruzar tan rápido, se le vería aún.

   - Estaba ahí.
   - No había nadie – me dijo finalmente mi hermana.

   Modo frustración ON.

   - Te juro que había un señor, y te lo puedo describir – le conté a mi hermana después de que volviera a arrancar el coche -. Era un señor con poco pelo, el poco pelo que tenía era blanco, llevaba gafas, un polo de rayas azul y naranja y pantalón vaquero. Estaba mirando a la carretera esperando a cruzar el paso de peatones.
   - No había nadie.

   ¿Estaba o no estaba ese señor esperando para cruzar? Yo creo que sí, lo vi. Mi hermana no lo vio. ¿Por qué yo lo vi y mi hermana no? ¿Fue una alucinación? ¿Fue un espíritu? ¿Estaría allí el señor y decidió dar la vuelta y no cruzar? Ni lo supe en esos momentos ni lo sabré jamás.

   ¿Quién hizo un viaje astral? ¿Mi hermana? ¿Yo? ¿Las dos? ¿O lo hizo el señor que decidió no cruzar y desvanecerse en el aire? Como dije dos líneas más arriba, ni lo supe en esos momentos ni lo sabré jamás.




(22/05/16)

domingo, 7 de febrero de 2016

Estoy torpe no, lo siguiente


   "Si algo puede salir mal, saldrá mal", ya lo decía Murphy sabiamente en una de sus leyes. Se podría aplicar también a algo así como "si crees que va a pasar algo y no quieres que pase, pasará", y pasa, ya os cuento yo que pasa... Que vas tranquilamente en autobús por el centro de Madrid y estás muy lejos aún de tu casa y piensas: "... Espero que no me entren ganas de orinar..."... Pues entran, y cuando las ganas van creciendo, más te desesperas y más escalofríos te entran. Por suerte, en el recorrido de ese autobús hay unos conocidos grandes almacenes en los que puedes entrar tranquilamente a echar un vistazo e ir a visitar sus instalaciones urinarias de vez en cuando (que ya tienes previamente localizadas porque no es la primera vez que las visitas). Sabes que éstos están subiendo las escaleras a la primera planta y cogiendo el pasillo de la derecha. Ahí están, y vas segura a ellos. ¿Pero qué pasa cuando entras, recorres el pasillo, subes las escaleras y te encuentras la planta cerrada por reformas? (¡Nooooooooooooooooooooooooo!) Piensas: "Me voy a la segunda planta que estarán justo en el mismo sitio". ¡Pues no! Resulta que la segunda planta no tiene baños. (uuuffffffffffffff) Decides seguir subiendo (vamos a probar suerte en la tercera planta) y te diriges al mismo rincón de la primera planta creyendo que ahí sí vas a tener un baño disponible para ti. ¡Error! ¡No hay baño tampoco! (modo pánico ON) Le das la vuelta a todas las plantas, recorres sus puertas (salidas de emergencia, habitaciones privadas...) y ya con escalofríos escalofriantes, preguntas a una amable dependienta:

   - Disculpe, buenas tardes. ¿Serías tan amable de decirme, por favor, dónde hay un baño?
   - En la planta cuarta, arriba.
   - ¡Gracias!

   Sales de allí a la velocidad del rayo (bueno, quizás un poco menos), subes las escaleras (que se hacen interminables) y llegas a la planta cuarta. Echas un vistazo, recorres las puertas... ¡No hay baño! "¿Y ahora qué?"

   - Por favor - se le pregunta de nuevo a una dependienta - ¿Hay baños en esta planta? Tu compañera de abajo me ha dicho que aquí sí hay baños y no los encuentro.
   - Sí, los tienes dentro de la cafetería, al fondo de la barra.

¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaleluya!

   Ves contenta y alegre a la gente sentada, te diriges a la puerta de entrada y ves que no es la cafetería (grrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr) sino que es "Atención al cliente" (grrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr)...

"¿Dónde coño está la puerta de la cafetería?"

   Sigues caminando, sigues viendo a la gente sentada merendando y no encuentras la puerta, hasta que, al final de los cristales, ves la puerta con un letrero en el que puedes leer "CAFETERÍA". "Venga va, que llegas, último escalofrío..."..... Y ya, por fin, ves una puerta con una monigota con vestido y piensas "¡Aaaaaaaaaaaaaleluya! ¡Aaaaaaaaaaaaaleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleeluuyaaaaaaaaaa!"

( .......... Lo que viene ahora no se puede contar.......... )

.................................................

   Sales con una cara de felicidad y una tranquilidad indescriptibles, decidida a continuar con tu camino, cuando piensas: "Pues me bajo al súper y me compro un refresco de cola con gas edulcorado para el camino", pero no sabía yo si esos grandes almacenes tenían o no súper. "Si hay, tienen que estar en la planta más baja". Empiezas a bajar escaleras hasta que no puedes más, y no encuentras el súper para comprarte tu ansiado refresco (que ya, con la vejiga vacía, iba apeteciendo). "Pues no habrá súper aquí". Vas a las escaleras y te adelanta una señora con desparpajo con un par de bolsas del súper (¿Ein?)

   - Disculpe, por favor ¿Dónde está el súper? Es que no lo encuentro - le preguntas a la amable señora con desparpajo.
   - En la planta baja (........), las escaleras las tienes al fondo de la zapatería.
   - ¡Muchas gracias!

   Vuelves a bajar. Recorres la planta, ves la zapatería (no hay escaleras). La recorres de nuevo (no hay escaleras, me han timado) y no ves nada... "Estoy torpe no, lo siguiente"

   - Por favor - te acercas a la vigilante de seguridad - ¿Las escaleras para bajar al súper?
   - Sí, las tienes aquí (detrás de ella) (.................), las mecánicas a la izquierda y las no mecánicas a la derecha.
(...............................)
   - ¡Gracias!

   Y ya bajas, súper feliz y más contenta que una perdiz porque vas a encontrar tu ansiado refresco ¡por fiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiin!

   Te lo compras, subes las escaleras para buscar la puerta por la que has entrado hace casi media hora ya... y sales a la calle rumbo a casa (ahora a bebérselo despacito, no vaya a ser que llegue con escalofríos a casa)

   Qué malo es hacer viajes e ir con ganas de... ya me entendéis...

   Ya os seguiré contando cosas... Así que sed buen@s mientras tanto... o no...




(07/02/16)

lunes, 15 de diciembre de 2014

Algo inesperado en el suelo

 
   Iba yo caminando hace unos días por el centro de Madrid (que me encaaaaaaaaanta) y, cruzando una carretera, vi que había algo en el suelo (olé, olé, olé... qué será...). Una cosa naranja, parecía un monedero, así que me agaché a por él. Luego pensé "buah, seguro que esto ya se lo ha encontrado alguien antes, lo han desplumado de dinero y lo han vuelto a tirar". Pues bien, lo abrí. Tenía como una maraña de hilos marrones (puaaaaaaaaj), desaliñados, me dio asco (arggggggg). Abrí una cremallera y había un mechero y boquillas de las que se colocan en los cigarros de liar, y un olor a tabaco que tiraba pa'trás (modo desilusión ON). La maraña de hilos era tabaco. Pensé "joder, para una vez que me encuentro algo y va y es tabaco"...


   ... Lo tiré en una papelera y seguí mi camino...






(27/06/14)




Volviendo a casa después de un pequeño gran concierto

 
   He tenido la gran suerte de ver esta noche a Virginia Rodrigo (Percuautora) en concierto en el Barrio de Lavapiés. Ha sido un conciertazo, y eso que ella estaba pachuchilla, pero ha estado en el escenario como si no le pasara nada, como la gran artista que es. Lo peor de todo ha sido la vuelta a casa...

   He llegado a las 01:20h. No he llegado al tren a tiempo (¡por poco!). Al metro sí (menos mal) . Dos minutos esperando el primero, diez el segundo y diez el tercero (es que de noche esto funciona muy despacio). Aún no ha dejado de repetirme el bocata de calamares que me he zampao antes de entrar al concierto. ¡No pasa nada! Recompensa: un conciertazo de Virginia Rodrigo (http://www.virginiarodrigo.com/), buen ambiente, buena música, buena gente, buena voz, y un EP en mis manos ¡Firmado!

   Gracias Virginia por este concierto y gracias Javi por haberme acompañado.

   ( Creo que voy a tardar en comer un bocata de calamares.................. )




(23/05/14)

¡Pañum, Pañum!

 
   Esta tarde me han disparado (a lo ¡pañum pañum!). Sí sí, disparado.

   Iba yo paseando por Parquesur (qué raro... yo por Parquesur...) cuando de repente, me he cruzado con un matrimonio que llevaba un carro de compra del que asomaba un niño, unos seis años como mucho debía de tener, y el niño llevaba una pistola (una pistola de juguete, no vayáis a pensar mal, que no era de verdad... ¡mal pensados!). Iba disparando a todo el que se cruzaba por delante (no dejaba títere con cabeza), y yo me he cruzado por delante de él. Me ha mirado, ha puesto cara de malo... y me he llevado mi disparo puesto.

   Es una tontería soberana, lo sé, un mini post, pero me ha hecho gracia la cara que me ha puesto el niño. Y también, para terminar, he de añadir que no me gustan los juguetes bélicos. Donde esté un buen juguete educativo, que se quiten las armas (aunque no sean de verdad).




(31/01/14)

Llamamiento virtual. ANULA LA CITA

 
   Esto es un "llamamiento virtual" (porque no es público) a todas aquellas personas que piden cita para ir al médico y luego no acuden (que ya hay que tener narices para hacer eso):

   SI TIENES HORA PARA IR AL MÉDICO Y NO VAS A IR, ANULA LA CITA. HAY MUCHAS PERSONAS QUE NECESITAN IR Y SE QUEDAN FUERA PORQUE TÚ NO HAS ACUDIDO A TU CITA, PERSONAS QUE PRECISAN ATENCIÓN MÉDICA Y POR TU INCOMPETENCIA TIENEN QUE IR OTRO DÍA. NO DEJES UN HUECO. ANULA TU CITA. HE DICHO.

   Así que ya sabéis, por favor, no dejéis de anular una cita si no podéis ir, otr@s enferm@s os lo agradecerán. 



   
   Un pequeño mini post. Es que estas cosas me ponen de muy mala hostia.


(20/12/13)

Modo Odio ON


   Os voy a contar lo que me ha pasado.

   Volviendo de casa de mi hermana he cogido el autobús nº 9 para bajarme en Cibeles e irme andando hasta Atocha (como hago la mayoría de veces que regreso a casa desde la casa de mi hermana). Pues bien, yendo en el autobús, mi vejiga quería vaciarse (oh oh... oh oh... escalofríos... temblores...), necesitaba vaciarse (... ufffff... qué calores más malos...), pero yo iba en el autobús (no tenía escapatoria), no había manera física de vaciarla (ay ay ay ay ay... ay... qué mal...). Pensé "cuando me baje en Atocha, voy al McD*n*lds y me vacío"......................

   ........................................................

   Bien. Llegué al McD*n*lds, fui al baño. ¡¡¡CÓDIGO!!! (I can´t believe it!). Me acerqué a las cajas a pedirles por favor la clave, y me dijo una pava "está en el ticket" y yo pensando... "la madre que te parió". Modo odio ON... No estuve hábil y me fui (oh oh, oh no... mi vejiga va a reventar).

   Caminando hacia Atocha, recordé que allí hay un B*rg*r K*ng ("Aaaaaaaaaleluya, aaaaaaaaaaaleluya........ ¡mi salvación!")............ Llegué al Burg*r, entré y me encontré unos carteles en las puertas de lo que antaño fueron los baños en los que se podía leer "ESTE ESTABLECIMIENTO NO TIENE SERVICIOS, PERO YA QUE ESTÁS AQUÍ ¿VERDAD QUE TE APETECE UN WHOPPER?"........ ("*$&*%&$").......... Así que en modo ecografía ya, con unos escalofríos de muerte, vi los baños públicos de Atocha....... ¡¡¡DE PAGO!!! (si son de pago ya no son públicos, sino privados...)

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   Así que nada... 0.60€ por "eshar un meo" en unos baños pijísimos con música ambiental y que ellos solitos "tiran de la cadena".....
 
 

   Una odisea, vamos...................................................................





(13/12/13)

Entrada destacada

Un retiro en la bóveda de un banco

   La verdad es que no sé cómo empezar esto. Diría cien mil cosas ( o más, que no me gusta exagerar ) de miles de millones de formas, pero...