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jueves, 20 de febrero de 2020

Se paró el tiempo


   Este post es especial. No es cómico. No es una anécdota de las que estoy acostumbrada a contar. Lo cuento para que no se me olvide. No quiero olvidarlo.

   ¿Recordáis lo que soñáis? ¿Podríais contar los sueños con todo lujo de detalles? El 98% de los sueños que tengo, podría relatarlos con pelos y señales.

   He contado en una red social el sueño que he tenido esta noche, he sentido la necesidad de contarlo, y después de haberlo publicado, he pensado que lo tenía que inmortalizar aquí. Me afectan mucho los sueños. Ya sé que los sueños, sueños son, pero te levantas emocionada recordando a quien has visto y sientes que tienes que compartirlo con los demás.

   He escrito esto: 

   "Voy a escribirlo antes de que se me olvide.
Esta noche he soñado con mi abuelo J*A*. Estaba en casa con mis padres, mi hermana, los niños... y entré en mi habitación y allí estaba él de pie, mirándome.
- ¡Abuelo! - le dije.

Abrió los brazos para darme un abrazo, y me lancé a ellos. Se paró el tiempo.

- ¡Cuánto me alegra que estés aquí! - le dije mientras nos abrazábamos. - ¡B*, R*, venid a mi habitación! - llamé a los niños.
B* vino corriendo, R* no.
- Mira B*, mi yayo J*A*, el papá de la yaya.
Mi abuelo se agachó para auparla y ella lo achuchó.
- ¿Te ha visto mamá? - le pregunté yo - Es que mamá no ha sido capaz de escuchar tu voz en la grabación desde que falleciste.
- No, todavía no he ido a verla pero ya voy.
Salió de la habitación y se dirigió a la de mis padres, mi madre estaba allí.

........................... No recuerdo más............................

   Pero lo que sí tengo es el corazón encogido, porque lo he visto, he hablado con él, ha conocido a B* (a R* no, no se asomó para ver lo que le quería enseñar), y le he dado un abrazo del que jamás me voy a olvidar."

   Como veis, ha sido bastante emotivo. Mi abuelo falleció en octubre de 2001. Ahora me estoy emocionando mientras lo escribo. Le he dado un abrazo de órdago y le he sentido muy cerca de mí. Me ha dado calor, me ha dado amor, y me ha demostrado una vez más que me quería, que nos quería. Y su cara mientras miraba a mi sobrina jamás se me va a olvidar. Había mucho amor.

   Mañana (21 de febrero) hubiese sido su cumpleaños. 98 años hubiera cumplido.

   "Te quiero Abuelo. No te imaginas lo que te echo de menos."




jueves, 16 de febrero de 2017

El amor de mi vida soy yo


   Haciendo un repaso de mis redes sociales a lo largo y ancho de unos cuantos años, ha aparecido este recuerdo que me apetece compartir con vosotros. ¿Por qué? Pues porque no me acordaba de ello, pero es curioso. 


   "Estoy empezando a sospechar seriamente que el amor de mi vida soy yo. Anoche soñé que me casaba, era el día de mi boda, tenía un vestido extrañísimo, pero era mi vestido. No estaba ni peinada ni maquillada aún, y lo peor de todo era que todo el mundo sabía con quién me casaba, menos yo. Yo no sabía quién iba a ser el novio de la boda.
   He visto a una amiga en mi sueño. Había venido a mi boda. Me ha encantado verla aunque haya sido en sueños. Si algún día me caso la invitaré.
   Como bien dijo Calderón de la Barca: "Los sueños, sueños son""

   La verdad es que suelo tener unos sueños bastante curiosos y tengo la virtud (o a veces el defecto) de poder recordarlos con muchos detalles.



   Tuvo una pequeña repercusión entre mi gente, así que os voy a enseñar lo que me dijeron.


LPC: A mi no me invitaste????
Yo: LPC seguro que sí estabas por ahí 

LPCClaro claro ahora que he protestado, yo que tenia el regalo ya...... tsk tsk
CFGuapa!!!!! Todo un honor para mi 

LJDPues el mayor compromiso es el que se adquiere con uno mismo... suena a coña pero a veces no es tan facil amarte, respetarte, acompañarte en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza y todos los dias de tu vida.... asi que si te casaste contigo misma y eres un buen marido para ti... eres afortunada!! y para rizar el rizo...como es arriba es abajo y como es dentro es afuera...

Yo: LJD me matas!!! Jajajajajajajaja!!!

LJD: jajajajajajaja, se me va...ya sabes




  
 (LPC, CF y LJD son las iniciales de los nombres de tres buen@s amig@s que ese día decidieron aportar su granito de arena a mi sueño) 

¿Recordáis vuestros sueños? 


(16/02/17)





miércoles, 2 de noviembre de 2016

El principio del Infierno


   Tal día como hoy hace justamente un año empezó el principio del infierno. Anonadados os habréis quedado por lo que acabo de decir (la verdad es que ha quedado un poco tétrico), pero cierto es que el 2 de noviembre de 2015 comenzó una nueva etapa en mi vida, pero una etapa que sabía yo que no iba a ser buena, y os cuento cómo empezó todo (tomad asiento y poneos cómodos).

   Empezó abril de 2015 y mi cuerpo empezó a sufrir de una manera extraña. Yo hacía vida normal, comía lo de siempre (he de decir que suelo comer equilibradamente sin excesos, no como fritos ni alimentos rebozados, ni bollería industrial (joooo, con lo rica que está), aunque sí me doy el lujo de comer alguna vez patatas fritas (es que sería un pecado capital no comerlas)), bebía lo de siempre, entraba y salía como siempre lo había hecho... pero mi cuerpo había empezado a cambiar.

   De la noche a la mañana, las yemas de mis dedos comenzaron a pelarse (¿.....?). Era vergonzante y a la vez doloroso. Empezaron pelándose los dedos gordos y se fue extendiendo al resto de dedos de las manos. Tuve hasta cuatro capas de piel a la vez en un mismo dedo, y la última era extremadamente dolorosa. Me daba vergüenza que se me vieran las manos, no podía tocar cosas húmedas porque se reblandecían, me duchaba lo más rápido que podía para que las manos estuvieran el menor tiempo mojadas. Me echaba cremas hidratantes de aloe vera, nutritivas, e incluso vaselina para ver si poco a poco eso empezaba a estar como siempre. Pero no... Ese no fue el único problema.

   Con el problema de las yemas de los dedos vino un problema en el aparato digestivo (... uffffff... ) que no podéis imaginar lo mal que viví con ello. Desayunaba mi tostada con aceite de oliva virgen extra y mi vaso frío de leche desnatada cada mañana. A los veinte minutos de haber terminado de desayunar tenía que ir al baño (ya imagináis a qué iba... me parece que no hace falta entrar en tanto detalle porque iba a hacer lo que todos pensáis, c***r)), pero no terminaba ahí. Se me cerró el estómago, se me fue el apetito (pero tenía que comer), y a mediodía comía lo que podía de lo que había en el plato. Veinte minutos después tenía que volver al baño. Me pasaba las tardes enteras con fuertes aerofagias (que no salía propulsada de milagro)... Y llegaba la cena (que ya se convertía en un trauma tener que alimentarme). Cenaba lo que podía y como siempre, a los veinte minutos (clavados) tenía que ir al baño.

   ¿Os cuento cómo era lo que echaba cuando iba al baño? ("... que lo cuente, que lo cuente, que lo cuente..." estaréis pensando...) Mejor que no, pero ya os cuento que un aspecto normal no tenía (daba mucha impresión y mucho asquete).

   Con este episodio de dedos pelados y problemas gastrointestinales me pasé dos meses enteros, abril y mayo de 2015 (se me hizo más largo que un día sin pan).

   Asistí a la boda de unos familiares en abril y todo mi miedo estaba puesto en la cena, en si mi cuerpo aguantaría, si podría cenar algo, si tendría que salir corriendo al baño... Recuerdo que no cené todo lo que me pusieron pero mi cuerpo me respetó esa noche (menos mal, porque con el vestido largo, las medias... un follón, vamos...).

   Fui al médico, le enseñé mis dedos y le conté mi problema. Me hicieron análisis de sangre y una ecografía abdominal, y salió todo bien (excepto el nivel en sangre de leucocitos, que estaba un poco alto (y no soy médica, pero tengo entendido que eso es señal de que hay infección en algún sitio del organismo)). Poco a poco, mis dedos empezaron a normalizarse y mi cuerpo volvió a ser "el de siempre". Digo "el de siempre" porque tras este episodio bimensual de malestar, perdí peso, así que me recuperé pero terminé con unos pocos kilos menos (no hay mal que por bien no venga).

   Cuando ya pensaba que me había recuperado, apareció otro problema: una caída excesiva de pelo. Empecé a perder pelo en el mes de julio, sólo un mes y pico después de haberme curado. Pues bien, empecé a perder y a perder pelo de una manera escandalosa. Cada vez que me lavaba la cabeza eso parecía un infierno, tener que peinarme ya se estaba convirtiendo en un trauma por la cantidad de pelo que se me caía. Caminaba por la calle y mi melena rizada se veía transparente en la sombra. "Hasta aquí hemos llegado, esto no puede seguir así". ¿Qué podía hacer? ¿Cortándome el pelo se acabaría el problema? Ante la duda, fui a la peluquería. Me corté el pelo y me lo dejaron de largo a la altura de los hombros. Y se seguía cayendo y cayendo y cayendo...

   Volví al médico. Le conté el tiempo que llevaba con esa caída tan excesiva de pelo y me recomendó unas vitaminas, pero debía empezar a tomarlas cuando empezase a hacer frío (y seguíamos en verano... lo veía taaaaaaan lejano el frío...). Las compré y las guardé.

   Viendo que el corte de pelo no había servido de nada y que mi melenita seguía viéndose pobre, decidí cortarlo un poco más. Fui el 2 de noviembre a la peluquería y le conté a mi peluquera de toda la vida qué tipo de corte quería, no quería cortes raros ni asimétricos, quería un corte de pelo cortito, que se me viera el cuello, pero que no me dejara sin rizos. Empezó a cortarme y me pidió que confiara en ella (no fue difícil hacerlo, pues me había puesto en sus manos muchísimas veces durante muchísimos años) y lo hice, pero el resultado no fue lo que yo esperaba: me hizo el corte de pelo que ella quiso (la había dejado hacerlo muchas veces), asimétrico, justo lo que yo no quería. "Está muy bonito" me dijo, y yo me vi en el espejo y pensé: "bonito ahora que está peinado de peluquería... ya veremos cuando me lo apañe yo...". Y por supuesto, llegó el momento de tener que apañármelo yo. ¿Qué pasó? Que no me veía, que parecía un champiñón, la princesa Leia de Star Wars, y empecé a sentir ansiedad (...esa sensación de mirarte en el espejo y no reconocerte...). Llamé a la peluquería y pedí por favor que me arreglasen esto, que no me veía con ese corte de pelo. Volví el día 6 (cuatro días después del corte "a lo champiñón") y me volvió a cortar el pelo... pero no podéis imaginar qué corte de pelo... me dejaron como a Halle Berry en "007: Muere otro día". Sin rizos. Ese corte de pelo ya no tenía arreglo posible... Mis rizos...

   He dicho al principio que el 2 de noviembre empezó el principio del infierno. Podría haber empezado en abril, pero no, empezó el 6 de noviembre con el segundo corte de pelo, porque cuatro días después me hicieron el peor de los cortes de pelo que he tenido. Porque, desde entonces, han sido unos meses muy malos, unos meses en los que me miraba en el espejo y no me reconocía, un tiempo que ha pasado tan despacio que pensaba que mi pelo no iba a crecer nunca. Todos me decían que estaba muy guapa y que parecía más joven, pero yo no estaba a gusto, ya que el corte de pelo que tenía no lo había elegido yo, sino la peluquera (y ojo, que la quiero mucho, pero ese día no acertó con el corte de pelo que yo buscaba).


   Si algo he aprendido de esto, es que el pelo no deja de caerse ni sale más fuerte si lo cortas, porque el pelo no tiene terminaciones nerviosas y la raíz no se entera de si has cortado la punta o no.

   La caída de pelo se frenó, pero ya no sé si fue por las vitaminas o porque ya tocaba que dejara de caerse, que bastante había sufrido mi cuerpo ya.

   Consejo: tened siempre muy claro el corte de pelo que queráis haceros cuando vayáis a la peluquería, y no os lo cortéis pensando que va a salir más fuerte, mi propia experiencia no me ha afirmado esa creencia.




(02/11/16)

jueves, 20 de octubre de 2016

La salud no entiende ni de días ni de horas


   Estaba muy malito. Su calidad de vida había disminuido considerablemente y le dijeron que tenían que hacerle una operación quirúrgica muy grave, un trasplante de hígado.

   Cuando escuchas la palabra "trasplante" se vienen a la cabeza cientos de miles de cosas, y no todas las que te vienen son buenas. Piensas qué pasará, cuándo será, si se lo harán prontito, si tardarán meses en hacerlo, si le irá bien tras la operación, si no saldrá de ella... La cabeza empieza a centrifugar y se mezclan los pensamientos con los miedos y las emociones.

   Esto que os estoy contando hoy pasó hace muchos años, concretamente en 2007, e intentaré hacer memoria para contarlo de la mejor manera posible.

   Cuando alguien está esperando un trasplante, tiene que haber dos personas con él (ya sean familiares o amigos) que estén dispuestos a donar sus plaquetas. Estas dos personas se hacen una analítica para que los hematólogos vean su número y calidad de plaquetas. En el momento en el cual el enfermo es llamado para hacer el trasplante, esas dos personas tienen que acudir inmediatamente al hospital con él, sea la hora que sea y sea el día que sea, la salud no entiende ni de días ni de horas. 

   El 10 de junio de 2007 mi tío recibió una llamada telefónica de madrugada, había llegado un hígado compatible con él y el trasplante era inminente. Inmediatamente después, el teléfono de mi casa sonó, pues yo iba a ser una de las donantes de plaquetas. Llegamos al hospital de madrugada, llegó otra tía mía que iba a ser la segunda donante y llegaron mis tíos... La sala de espera era un sentimiento de miedo nervioso generalizado. Una enfermera nos indicó a mi tía (la otra donante) y a mí que teníamos que tener el estómago lleno, que desayunásemos bien, para resistir con fuerza.

   Recuerdo que a mi tío se lo bajaron a quirófano a primera hora de la mañana, entonces nos fuimos a desayunar porque teníamos que estar listas en cualquier momento. Y el momento llegó. Visualizo casi perfectamente la antesala de la sala de donación. Estaban mi madre, creo que mi hermana, mis tías, no sé si alguien más... Me hicieron firmar un papel azul dando mi consentimiento para donar. En ese papel azul explicaban todas las cosas que te podían pasar mientras donabas, cosas tales como mareos, sudores, nerviosismo...  y piensas "es mi tío, da igual que me pueda pasar todo esto... ... ...  ¿cuántas probabilidades hay de que me pase todo esto? ... ... ... ...¿o incluso que pueda sentir algo de todo esto?... ... ... ..."... y lo firmé.

   A mí no me gustan las agujas, ya lo he contado alguna vez, y la aguja del donante es mucho más gorda que la de una analítica normal. "Madrecita mía", pensé yo. "Venga Inma, que tú puedes, pero no mires" (en ese momento sentí el pinchazo).

   Eran las 13.50h cuando me 'enchufaron' a la máquina.

   Ya sabéis que las plaquetas participan en la coagulación de la sangre (y si habéis sido niñ@s como yo en los años 80, recordaréis hasta las caras de las plaquetas gracias a una serie de dibujos animados de aquella época, "Érase una vez la vida"). Recuerdo que me pusieron un tensiómetro en el mismo brazo que la aguja, y me dieron una pelotita de goma espuma. Cuando el tensiómetro se inflaba yo tenía que apretar y aflojar la pelota, es el momento en el cual están extrayendo tu sangre. Cuando se desinflaba, tenía que relajar la mano. La sangre extraída iba a una máquina que separaba las plaquetas de tu sangre (donación por aféresis se llama) y después la sangre era devuelta de nuevo al cuerpo. 

   Eran las 15.15h cuando me 'desenchufaron' de ella.

   ¿Queréis saber cómo viví esos interminables minutos? Pues mirad: me mareé, me encharqué en sudor, mi piel se palideció al completo, tenía frío, tenía calor, tenía temblores, veía 'flashes' (como si me estuviesen haciendo millones de fotos), y lo peor de todo... noté cómo la sangre volvía al interior del cuerpo. Me cuesta describirlo. Me empezó a temblar la barbilla, podía escuchar incluso mi torrente sanguíneo, correr la sangre por las venas... Todo lo que me podía pasar, me pasó... ... Y estaban echando "Los Simpson" en la televisión. 

   El médico, las enfermeras, mi familia... nos daban ánimo a mi tía y a mí, estuvieron pendientes de nosotras en todo momento. También recuerdo que teníamos a nuestra entera disposición una nevera con comida y refrescos para reponer fuerzas. Fue una experiencia malísima, pero volvería a repetirla las veces que hicieran falta. Nos dijeron que el resto del día estuviéramos tranquilas y que no cogiéramos peso, así que nos volvimos después de salir de 'la sala de torturas' a la sala de espera. 

   Allí ya estaba toda la familia. Yo me sentía mareada aún, y me aconsejaron ponerme al lado de una de las ventanas que estaban abiertas. Las ventanas de ese hospital son oscilantes, así que me senté un rato al lado de una. No me daba el suficiente aire y decidí asomarme...


(Ventana de una sala de espera del Hospital Gregorio Marañón de Madrid)

   ... con tal mala suerte que la ventana decidió cambiar de posición ella sola sin que nadie la tocara cuando mi cabeza aún se estaba asomando... y ¡zasca! ¡golpetazo en la cabeza! Yo ya no sabía si reír, si llorar, qué hacer... Mi familia se reía, los desconocidos que también se hallaban me miraron con pena... Nunca las desgracias vienen solas...

   En resumen, fue un día muy largo, doloroso, de muchos nervios, de mucha incertidumbre... pero me da alegría decir que mi tío cumplió el pasado 10 de junio ¡9 años!

   No dudéis en donar. Yo lo pasé mal, pero no tiene porqué pasaros a vosotr@s también. La gran recompensa es saber que has ayudado con ello a salvar una o muchas vidas. 


No lo dudes. Hazte donante


(20/10/16)

domingo, 13 de septiembre de 2015

Mi 11-S particular

 
   Voy a contar por aquí un 11-S muy particular que tuve hace justo 14 años (anda que no ha llovido "ni ná"...).

   En septiembre de 2001, yo llevaba trabajando dos meses en una ya desaparecida cadena de supermercados. Tenía una jornada laboral de cuatro horas, de 17h a 21h de lunes a sábado. La nave en la que yo trabajaba tenía las oficinas en la planta de arriba y el supermercado estaba abajo. Los vestuarios en los que nos cambiábamos mis compañer@s y yo de ropa estaban arriba también (no eran mixtos eh... que teníamos uno las chicas y otro los chicos).

   El 11 de septiembre de 2001, como todos sabemos, a eso de las 15h aproximadamente, un avión se estrellaba en una de las torres gemelas del World Trade Center de Nueva York, lo estábamos viendo mi padre y yo en el telediario (alucinando no, lo siguiente....), y poco después vimos cómo se estrellaba en directo otro avión en la otra torre. Un horror indescriptible. Ya habíamos comido y estaba a punto de salir hacia el trabajo. El atentado era lo más comentado en la calle, todo el mundo hablaba de ello, estaba en boca de todos. Nos tuvieron a todos pendientes de lo que pasaba en ese lado del mundo ese día. Cuando llegué al trabajo, los vigilantes de seguridad comentaban entre ellos lo ocurrido, los clientes igual... evidentemente, no se podía hablar en esos momentos de otra cosa. Yo subí como cada día al vestuario a cambiarme de ropa y al abrir la puerta, salió un muchacho que yo no terminaba de reconocer como compañero de trabajo, con su ropa de calle, su mochila, su casco llamativo de moto... Me di la vuelta y miré cómo se iba (no estaba bueno, simplemente lo miré porque me extrañó no conocerlo y que saliera de ahí, del vestuario de las chicas). Al entrar en el vestuario vi que había tres taquillas abiertas que habían sido forzadas (Oh oh!). Pensé: "hostias, este acaba de robar", y también pensé que yo era la que menos tiempo llevaba trabajando allí y que podrían sospechar de mí (Oh my Thor!). Entonces, sin cambiarme de ropa, bajé y conté lo ocurrido a mi encargado y a los vigilantes de seguridad. No se lo podían creer. Pero lo más curioso fue que, cuando describí al muchacho, el vigilante de seguridad me dijo sorprendido: "¡Pero si ese acaba de hacer una entrevista! ¿Cómo se puede ser tan gilipollas? ¡Haces una entrevista de trabajo, tienen todos tus datos y entras a robar! ¡Payaso!" y se echó a reír....

   Mi encargado me dio las gracias por haber contado lo ocurrido, y los vigilantes de seguridad me preguntaron que si reconocería al muchacho en la foto del currículum, dije que sí, así que ese día tardé en empezar a trabajar (no hay mal que por bien no venga... jijijijiji). Entré en las oficinas y me enseñaron el currículum del último entrevistado, y efectivamente era él. La persona que le entrevistó también se fijó en el casco de moto llamativo que llevaba (no había dudas pues, hablábamos del mismo gilipollas). Llamaron a la policía y me preguntaron que si iría a reconocerlo cuando lo cogieran (glup!), que el chaval seguro no habría llegado muy lejos aún, y dije que sí (.................), así que me monté en el coche de los vigilantes y pusimos rumbo a comisaría para denunciarlo. De camino, llamaron al vigilante y le dijeron que habían cogido al chaval y había entregado lo que había quitado, que estaba arrepentido, así que dimos media vuelta y volvimos al trabajo (toda nuestra conversación en el coche fue lo ocurrido en Nueva York...).

   El tema se quedó así, nunca tuve que denunciar lo visto, no volví a ver al chaval, evidentemente no le contrataron, mis compañeras recuperaron lo que había sido robado........ Yo quedé libre de toda sospecha....... Y mientras, en el otro lado del mundo, dos torres se hundían falleciendo así miles de personas.

   Este ha sido un viaje astral distinto a los que yo suelo hacer, pero tenía ganas de contarlo.

   Sed buen@s... o no....




(13/09/15)

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Un retiro en la bóveda de un banco

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