domingo, 23 de junio de 2019

Graduaciones por doquier. Graduaciones everywhere




Yo no me gradué
cuando terminé el parvulario.
(qué triste)

Tampoco cuando terminé la EGB.
(y eso que saqué buenas notas)

En BUP... menos.
(...)

Cuando acabé COU
hicieron una ceremonia de graduación
en la que fui olvidada,
se les olvidó nombrarme.
(esto sí que fue realmente triste,
tener que subir a decir a la mesa de profesores
que se habían olvidado de mí)

¿Por qué digo todo esto?
(porque sí, porque me apetece)

Porque hoy en día,
los niños de la guardería se gradúan;
los que acaban su etapa en Infantil
también se gradúan;
cuando finaliza la primaria también;
al finalizar la ESO también,
y al acabar Bachiller igual.
(cinco graduaciones
antes de entrar a la universidad...
o cuatro si no han ido a guardería)

Graduaciones por doquier.
Graduaciones everywhere.

¿Por qué los niños de ahora
tienen tantas graduaciones
y yo no tuve ninguna?

¿Es más importante ahora que antes
terminar una etapa escolar
y pasar a la siguiente?

Y ojo,
que no estoy criticando,
(o sí)
sólo lo comento,
(que lo sepáis)
que no lo veo normal.

Graduaciones por doquier.
Graduaciones everywhere.

Las únicas graduaciones 
que yo había visto hasta entonces,
sólo las había visto
en la películas americanas.



Americanizándonos.

Yo me americanizo.
Tú te americanizas.
Él/ella se americaniza.
Nosotros/as nos americanizamos.
Vosotros/as os americanizáis. 
Ellos/as se americanizan.

Graduaciones por doquier.
Graduaciones everywhere.



miércoles, 24 de abril de 2019

¡Yo me tiro por ahí!


   Pobre rodilla mía, se lleva los golpes más inesperados. Golpes contra mesas invisibles (invisibles porque no se ven de tanto cristal como tienen), mesas que están a alturas estratégicas de una de las partes más sensibles del cuerpo humano y una de las más susceptibles de llevarse golpes. ¡Anda que no se ha llevado golpes esta rodilla!

   Recuerdo que hace unos años, una semana justo antes del 11-M, se llevó mi santa rodilla un golpe descomunal. Íbamos mi señora madre y yo a al hospital Niño Jesús a ver a una prima a la que acababan de operar de urgencia de apendicitis. Fuimos en tren. En Embajadores, una vez salías del tren y te dirigías al metro, había que subir escaleras para llegar al andén (lo cual era raro, porque normalmente siempre bajas escaleras para descender al metro), y escuché que el metro estaba entrando (hace tiempo que no voy por ahí pero imagino que sigue igual).

   - ¡Corre, que viene! - le dije a la mía mamma, y eché a correr escaleras arriba.

   ¿Te puedes caer subiendo las escaleras? La respuesta es sí. ¿Se puede ser tan torpe? La respuesta vuelve a ser sí. 

   - ¡Ja, ja, ja! ¡Hija! - ten madre para que se ría de ti cuando te caigas...

   - ¡Qué hostión me he dado!

   Me levanté el pantalón y tenía todas las rayas de las escaleras grabadas en la rodilla (ahí, bien puestecitas, como un código de barras). ¡Pobrecita mía! ¿Quién la mandaría a ella correr para subir a tiempo de coger el metro? ¿Queréis saber si cogimos o no el metro? Esa... es otra historia...

   Llegamos al hospital y vimos a mi prima, me crucé con la actriz Lucía Jiménez por uno de los pasillos. Mi rodilla parecía que estaba dentro de una olla a presión, pero no dije nada. Una vez en el hospital podría haber ido de urgencias a que me hubieran echado un vistazo, pero no lo hice... Sólo fue un hematoma rayado de campeonato (que fue poco para el hostión que me di, podría haber sido peor).

   Ese fue uno de otros muchos golpes. Ayer me di otro descomunal, pero lo contaré después.

   Hace un tiempo (tampoco mucho), estuve con mi familia en Madrid Río, que para quien no sepa qué es, Madrid Río es un enclave cultural y lúdico, con espacios para hacer actividades al aire libre y en el que los peques disfrutan muchísimo, paralelo al Río Manzanares y situado justo encima del soterramiento de la M30 (a lo mejor piensas... ¿y a mí qué más me da?... bueno, pues si te da igual, cierra y busca otras cosas... y si te pica la curiosidad, quédate y sigue leyendo...). Si habéis estado alguna vez ahí, sabréis que hay unos toboganes de acero grandes de tubo por los que se deslizan niños y adultos a partes iguales (parece que estoy contando un problema de matemáticas).


(Foto de aquel día de esos toboganes)

   Los niños salían con una cara de felicidad extrema, y pensé "yo me tiro por ahí" (sí sí, muy valiente yo). Subí con una de mis primas, me puse al borde del tubo, me asomé, me senté y no me impulsé, simplemente me dejé caer... ¡Madre del amor hermoso! ¡Qué velocidad cogí! Cuando llegué al suelo, frené con los talones y claro, por pura física, se me quedaron clavados en el suelo y caí a cuatro patas, destrozándome las rodillas y los codos. ¿Os imagináis a una treintañera con las rodillas sangrando? Pues sí, yo (treintañera cuando me pasó, claro, que ahora soy una recién estrenada cuarentañera). Bueno, sangrando, con heridas... Pero la peor parte se la llevó mi famosa rodilla derecha. Creo que ese fue uno de los peores golpes que se ha llevado mi rodilla. Eso... y mi familia descojonada de la risa... ¡Ah, que se me ha olvidado un pequeño detalle! Cuando caes de un tobogán de esos, no hay arena al final, no hay goma dura, hay ¡piedras! ¡flipad! ¡piedras! ¿A quién se le ocurre poner piedras en la caída de los toboganes? ¡Mamasita! Mi rodilla tardó en recuperarse de esto.


(Evolución de la gama cromática de mi rodilla)

   Ayer me di la última, en una tienda de muebles. Como bien decía al principio, las mesas hechas de cristal que no se ven son muy peligrosas. Os prometo que no la vi.

   Se sentó mi progenitora en un sofá para probarlo.

   - Necesitaría algo para ponerme en los riñones, es demasiado blando. Bonito, pero blando.

   - ¿A ver?

   No había dado dos pasos, cuando de repente ¡ZAS! ¿Es que mi rodilla tiene un imán? 

   - ¡Ay, ay, ay! - otra vez parecía mi rodilla una olla a presión.

   - ¿Es que no la has visto? ¡Ja, ja, ja, ja, ja!

   - ¡Pues no! ¡Ay, ay, ay! (lagrimones de risa dolorosa)

   Me senté en el sofá a reposar un poco, a masajearme un poco la rodilla, qué dolor tenía... Y el sofá era demasiado blando, tenía razón mi madre... ¡Aaaaayyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy!

   Me duele, pero será un dolor de unos días (y ahora que me doy cuenta, la de cosas que he escrito para contaros que ayer me di un golpe...).


   P.D: Después de la caída en Embajadores, sí cogimos en metro.
   P.P.D: ¿Por qué duelen tanto los golpes en las rodillas? ¡Si es todo hueso!
   P.P.P.D: ¿Qué golpes os habéis dado en las rodillas? ¿Me lo contáis?



   

   

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