miércoles, 8 de julio de 2015

¡Hola calor! (que no "ola de calor")

   
   ¡Hola calor! (que no “ola de calor”) ¡Cuánto tiempo he estado esperándote! ¡Qué largo se me ha hecho el invierno y qué poquito vas a durar! Ahora parece que has llegado para quedarte, y eso me encanta.

¡Viva el verano! ¡Viva el calor!

   Contigo llega la poca ropa por las calles (¡viva!), sombreros, gorras, cremitas para no quemarse (¡muy muy importante!), los pies al aire (y pies de todo tipo, porque madre mía… hay pies que deberían quedarse guardados, pero todos tienen derecho a ser aireados), las melenas recogidas (coletas de caballo, trenzas, moños...), cortes de pelo radicales, los dedos de los pies pintados (los choricillos les llamamos mi hermana y yo), abanicos, pai-pais, las nuevas gafas de sol de moda (sí, hay gente que todos los años se gasta dinero en las gafas de sol de moda, y tendrán tantas como para poner un negocio propio de venta de gafas de sol de otras temporadas...), ventiladores, los aires acondicionados funcionando a tope, gente con flis flis (un spray pulverizador de agua, para quien no lo sepa...), escotes colorados (mucho vinagre y aftersun para calmar las rojeces), cachitas sin camiseta (mmmmmm) luciéndose (grrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr) como si la calle fuera un escaparate de culturismo, helados, sorbetes (el de limón es el preferido de mi hermana), polos de hielo con el palo de madera (yuyu me da quien se queda chupándolo después de haberse terminado el polo), copas de helados de colores y sabores de otro planeta (ñam ñam), batidos, refrescos, smoothies (¿por qué se llamarán así?), muchas horas de sol (yiiiiiiiiiiiiiiijaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa), horas de piscina y de playa (quien las tenga cerca), personas mayores que se pasan hoooooooras y horas sentadas en un banco intentando resolver los problemas del país (el congreso los llamo yo), gente tomando el sol como si el tiempo no existiera  vuelta y vuelta asándose como pollos (tienen que terminar con un dolor de cabeza… y es aburridísimo)… .... .... .... Y sobretodo beber agua, muchísima agua.




   Ves en la playa millones de sombrillas de todos los colores y de todos los tamaños, peques jugando en la orilla untadísimos de crema para no quemarse, con su gorro, su cubo, su pala y sus sandalias cangrejeras; señoras y señores de avanzada edad metiéndose con miedo en el agua (no saben que las olas no les van a tirar… pobrecillos…); personas de todas las edades metiéndose despacio al agua, otros metiéndose rápido y corriendo aposta para salpicar a los que se meten despacito (sí, en todas las playas hay de esos....... petardos todos....... jijijijijijijiji.....), que crees que lo han hecho sin querer y lo hacen adrede (… jijijijijijiji... sí, lo sé…); gente jugando con las raquetas de madera y la pelotita (es la única época del año en la que juegan a eso…. ¿será la playa la que invite a jugar a eso? no sé…); el típico “chulo playa” que tiene un cuerpo  “escombro”, un mini bañador (a veces incluso con estampados de leopardo…) y un moreno tostado surrealista antinatural… Mil y una cosas se pueden ver en la playa.

   En la calle hace demasiado calor, ya sea por culpa del asfalto, los medios de transporte, el calor que desprenden los aires acondicionados... Se podría freír un huevo en el suelo. Fijo.

   Estoy deseando irme a la playa.

  ¡Quédate verano! ¡Tarda en irte calor! Pero por favor, ¡Danos un pequeño respiro! ¡Que cualquier día nos va a dar un chungo!


   ¡Me encanta el verano! 
   I love summer!





(08/07/15)

domingo, 17 de mayo de 2015

¡¡¡Tierra trágame!!!

 
   Escuchar a Shania Twain me ha animado a contaros lo que me pasó hace unos días (concretamente, el miércoles 6 de mayo).

   He tenido un accidente.

   No me ha pasado nada con el coche (no conduzco, ni me pasó nada en otro coche tampoco); no me he cortado con un cuchillo; no me he caído por la calle, ni por las escaleras (qué dolor, ¿no?), ni en mi casa; no me he caído de la cama; no he vuelto a meter una oreja en el ventilador (con una vez tuve suficiente); no me he dado ningún golpe en la cabeza (no quiero estar más trastornada de lo que ya estoy); no me he torcido un pie, ni dos; tampoco me he dañado ningún brazo, ninguna de las manos; no me he quemado en la cocina, ni con la plancha, ni con el agua caliente, ni con el hielo; tampoco me he caído de la bici ni me ha pillado una moto..... Creo que hay mil y una formas de sufrir un accidente, pero lo que me pasó a mí fue brutal, inesperado, agobiante. Es lo peor que le puede pasar a una persona que va tranquilamente paseando por la calle. Fue un "tierra trágame" en toda regla.

   Como muchas tardes, salí a pasear hacia Parquesur, que desde mi casa son 3.5 km, que ida y vuelta se convierten en 7 km casi diarios (algunos pensaréis que no es mucho, a otros os parecerá una barbaridad, pero a mí ya me parece un paseo militar y se me hace corto). Esa tarde mi madre me dijo que no podía acompañarme y que me fuera yo sola. "No te preocupes" le dije, y cogí mi cazadora, mi mochila, mi móvil y mis gafas de sol y me fui.

   Es un camino con muchos árboles; árboles altísimos llenos de hojas...


   ... en los que no se distingue el cielo a través de ellos. Pasando a la altura de la parada de metro Julián Besteiro, por donde había muchísima gente (personas mayores, madres con niños pequeños, perros, adolescentes, el moreno vendiendo pelis...), iba yo tranquilamente paseando a buen ritmo (porque se trata de caminar a paso rápido, no de relax) cuando sin esperarlo, me cayó desde una rama de uno de los árboles más altos ¡¡¡una pedazo de caca de algún pájaro enorme!!!

   Uf.............
   Uuuuf.......................
   Uuuuuuuf...................................
   Uuuuuuuuuuuuuf...............................................

   ¿Queréis saber cómo me sentí? Pues en esos momentos no sabía qué hacer, estaba paralizada, nerviosísima, estaba manchada entera: el pelo, la esquina de las gafas de sol, la cazadora, la hebilla del cinturón de la cazadora (pufffffff....... esto fue lo peor), el pantalón, la zapatilla. Temblando.

   Me acerqué a un banco, me quité la mochila y miré hacia la hebilla. ¡¡¡Thor mío, estaba repleta de mierda y me la tenía que desabrochar para quitármela!!! Así que, con todo el asco del mundo y sin dejar de temblar, como pude me la desabroché. Una parte de la caca cayó al suelo. Al ver mi nerviosismo, una mamá muy amable que estaba con su pequeño por ahí, se acercó y me dio unas toallitas para que me quitara todo lo que pudiera. Qué maja. Me comentó que tenía un poco manchado el pelo. Me quité la cazadora y la metí en una bolsa que llevo siempre en la mochila (menos mal). Me limpié el pantalón todo lo que pude y la zapatilla con las toallitas, pero tenía que verme la cabeza. Al lado del metro hay un bar, y qué majos, me dejaron pasar al baño. Así que temblando aún, con lágrimas casi en los ojos y con la cazadora llena de mierda metida en una bolsa, me volví a mi casa.

   - ¿Ya vuelves? ¡Vaya paseo más corto que te has dado! - me dijo mi señora madre, que se hallaba tranquilamente descansando en el sofá.

   - ¿Que si ya vuelvo? ¡Mira lo que me ha pasado! - y sin terminar de contárselo, la mía mamma se echó a reír.

   Esa tarde fue un fracaso absoluto de paseo. Así que nada, metí la cazadora en la lavadora, el pantalón, la camiseta (que no se manchó pero por si acaso), y me fui a la ducha. ¡Qué paseo más corto!

   ¿Habéis visto qué accidente tuve? Para mí fue lo peor, y encontrarme sola creo que me influyó para haberme puesto tan nerviosa como me puse.

    ¿Qué será lo siguiente que me pase?

   Miedo me da....................




(17/05/15)


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